| Por Anna Espadalé
¿Os ha pasado alguna vez que os enfadáis con alguien y notáis que tenéis una reacción muy fuerte, incluso desproporcionada? ¿O delante de algunas personas o de ciertos conflictos os sentís ofuscadas, entráis en un estado alterado o de trance, y os quedáis bloqueadas, paralizadas y no os sentís capaces de expresar lo que sentís ni defender vuestra opinión? Esto nos pasa porque a menudo, como dice Joe Goodbread Befriending Conflict, Nosotras nos convertimos en nuestro peor enemigo. ¿Y quiénes son esos enemigos internos?
Primero, nuestro oponente interno. Son las figuras o voces críticas que se activan dentro de nosotras cuando tenemos un conflicto con una persona externa. Son como personajes que están en nuestra mente y con los que mantenemos muchos diálogos internos. Por ejemplo, una persona (la llamaremos nuestro oponente externo) nos dice que el texto que hemos redactado le parece demasiado largo y que hay ideas que no se entienden. En el mismo momento en que la persona nos dice esto, también se despierta dentro de nosotras una voz que nos dice: ¡es que no tienes ni idea, lo haces fatal! ¡No sabes escribir! ¡Nunca se entiende nada de lo que dices! ¡No sirves para esto! Y así sucesivamente. Cuando esto pasa, nos sentimos reaccionando con mucha fuerza o quedándonos paralizadas. Estamos teniendo una lucha dos contra uno. ¡Muy duro!
El segundo, los fantasmas del pasado. Son recuerdos de conflictos pasados (que hemos tenido en la familia, con los padres, con las amistades, en la escuela, en el trabajo, con figuras de autoridad…), experiencias que nos han impactado y que, en medio de un conflicto, nos nublan la mente y nos quitan claridad y capacidad para afrontar el conflicto con la persona real. En lugar de enfrentarnos con esa persona, nos estamos relacionando con "nuestro padre", "nuestra madre", "nuestro jefe"... Nos vienen a la mente episodios de violencia vividos, conflictos que no hemos sabido gestionar, etc.
¿Qué podemos hacer con esos oponentes internos y esos fantasmas que nos invaden cuando tenemos un conflicto?
- ¡Cazarlos! Identificarlos, reconocerlos, ponerles luz, conciencia...
- Trabajarlos, expresar el dolor o la rabia que nos han generado, quemar leña... con una amistad o en terapia, por ejemplo.
- Ver que hay algo de valor o útil en estos enemigos internos y fantasmas, ya que en realidad son partes de nosotros más desconocidas, y así convertirlos en aliados (quedarnos con su energía, fuerza, tenacidad, constancia...).
Cuando esto sucede y conseguimos hacer amigos de los oponentes y fantasmas internos, notaremos que se va la niebla y que ganamos claridad, que nos sentimos más en conexión con nuestro poder, con mayor capacidad de centrarnos, que podemos acceder más fácilmente a nuestros recursos y que nos sentimos con más capacidad de afrontar el conflicto, ahora sí, con la persona real.
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:La Gestió de Conflictes
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