El pasado 19 de julio, Laura Marbiol y Anna Espadalé, socias de Fil a l’agulla, impartieron la cápsula formativa 'Gestión de las agresiones en los espacios activistas'. Nos cuentan cómo fue y qué sensaciones sacan de ello.
Desde Fil a l’agulla hemos visto la necesidad de hacer esta cápsula para compartir herramientas y conocimientos sobre la gestión de las agresiones sexistas, en concreto en los espacios de activismo y militancia. Hemos notado que muchas personas y colectivos se están preguntando cómo se pueden gestionar las agresiones que ocurren en sus espacios, pero sin que esta gestión se reduzca a la lógica del castigo. Hay voluntad de encontrar formas de abordarlas que den respuesta a la necesidad de reparación de la víctima y de la comunidad.
Ahora bien, salir de un enfoque estrictamente punitivista no es nada fácil. Hay algunos espacios, entornos o colectivos donde se están probando maneras de actuar fuera de la lógica del castigo, con una mirada que se enfoca hacia la responsabilización y la justicia restaurativa. El reto más grande, quizá, es acabar con la impunidad. En los últimos dos años, en Fil a l’agulla hemos hecho un proceso de reflexión interna y un posicionamiento público: como facilitadoras, queremos aportar la mirada de la justicia restaurativa y los procesos de reparación como una herramienta más de gestión de las agresiones machistas. Por eso, entre otras líneas de acción, organizamos esta cápsula formativa.
Durante la preparación nos dimos cuenta de que queríamos 'hacer todo muy bien', dar toda la información necesaria, tener en cuenta todas las sensibilidades, no reproducir las agresiones machistas y saber gestionarlo 'perfectamente' cuando ocurriera en el momento, ya que decidimos que el espacio fuera mixto. Este es un rol que está muy presente cuando queremos gestionar agresiones machistas. Puede ser interno o externo, y lo que genera es que callamos por el miedo a equivocarnos, a hacer daño, a recibir rechazo, a ser criminalizados/as, a ser juzgados/as por 'no ser suficientemente feministas' o por ser 'demasiado feministas'.
Para nosotras es muy importante que intentemos hacerlo lo mejor posible y, al mismo tiempo, para no paralizarnos y poder avanzar, debemos hablar, asumir que, aunque nos sintamos o digamos que somos feministas, seguiremos teniendo actitudes machistas, nos equivocaremos. Que la única manera de aprender a hacerlo diferente es generando espacios más seguros y conscientes para, cuando nos hagamos daño, aunque sea doloroso, tener la apertura para darnos cuenta, asumir responsabilidad e intentar que no vuelva a suceder.
Esta era la intención de la cápsula y nos sabe mal si alguna persona no se sintió lo suficientemente segura en algún momento. Lo estamos revisando a fondo y también reflexionando aún más sobre las posibilidades de los espacios mixtos y no mixtos. Para poder reparar y seguir aprendiendo, nos ayuda mucho tener vuestro feedback como lo han hecho algunas personas durante y después de la cápsula, ya que nos permite ser aún más conscientes y asumir responsabilidad.
Otro tema importante a pensar durante la preparación era cómo honrar todo lo que ya se está haciendo. Lo que nosotras presentamos en la cápsula era una recopilación de trabajo que han hecho muchos movimientos sociales y muchas personas, en diferentes partes del mundo. Gracias al camino que ya habían recorrido, nosotras hemos podido hacer nuestras aportaciones. Parece que ahora estamos en un punto para dar un paso más. Este es un tema complejo, no tenemos todas las soluciones y será necesario seguir reflexionando. Seguir teniendo presente que cada situación es particular, que no hay un libro de recetas universales.
Era necesario, además, dar la bienvenida a todas las partes y ser conscientes de los diferentes roles en la sala. Personas que lo han vivido, personas que no lo han experimentado, que tienen experiencia en la gestión, personas que tienen miedo, que tal vez han sido víctimas, que han agredido... Podía ser que en la cápsula formativa participaran personas con las que se había tenido un conflicto o tensiones por este tema. Además, nos encontramos con el obstáculo de que, a menudo, es difícil mostrar y hablar de las emociones en nuestro contexto sociocultural, porque a menudo se penaliza mostrar miedo, culpa, rabia, frustración, desesperanza, cansancio...
También era importante tener precaución con el lenguaje utilizado. Hablar de 'víctima' remite al daño recibido y lo visibiliza, 'superviviente' quiere decir que has sobrevivido. Es importante que cada persona sea libre de usar los términos que sienta más identificativos. Hay que ser conscientes de que las etiquetas nos ayudan a nombrar, pero también pueden caer en la simplificación y no tener en cuenta toda la complejidad. No identificarse con recibir daño puede dificultar la recuperación. Al mismo tiempo, también es una dificultad reconocerse solo como víctima y no conectar con nuestra parte de poder.
En entornos activistas es un límite importante reconocerse como víctimas, porque a veces es difícil conectar con la vulnerabilidad. El activismo genera un modelo de empoderamiento que parece pasar por no ser nunca vulnerables y eso es negar una parte intrínseca de la condición humana, al mismo tiempo que pone mucha presión. Es perjudicial no darse cuenta de que somos una especie interdependiente, que afectamos a las otras personas y que las otras personas nos afectan.
En la cápsula hablamos de las agresiones que cometen mayoritariamente hombres cis-heterosexuales hacia mujeres o personas de identidades no binarias. Trabajamos sobre una estructura social, un eje de opresión (el género) y, en este sentido, quienes cometen las agresiones son hombres cuya identidad de género coincide con la asignada al nacer (cis) y que son heterosexuales. Nos centramos en este eje de discriminación y violencias porque creemos que ahora mismo es muy necesario poner el foco, pero con esto no queremos decir que no haya en los grupos muchas otras opresiones y discriminaciones en muchos otros ejes (sociales y psicológicos) que también necesitan atención. En este sentido, hicimos hincapié en la importancia de que los diferentes colectivos puedan generar espacios de cuidados y de gestión de agresiones y conflictos en general, además de las agresiones machistas.
Durante la cápsula fue muy estimulante la diversidad de las personas que participaron. Venían de diferentes zonas de Cataluña (Barcelona, Manresa o Valls, por ejemplo), del País Valenciano, de las Islas... Pertenecían a colectivos y entidades de naturalezas e ideologías diferentes -independentistas, anarquistas, espacios okupados, casales, sindicatos de barrio, colectivos feministas, grupos de hombres, partidos políticos, organizaciones juveniles, entidades del ocio, etc. Con diferentes trayectorias y experiencias en el tema de la gestión de las agresiones: algunas habían promovido la creación de protocolos feministas, otras habían tenido experiencias de gestión, otras era la primera vez que se adentraban en el tema conscientemente... Fuera como fuera, la mayoría de las personas tenía implicación en el tema, en el presente o en el pasado. Esto hacía que hubiera mucho conocimiento, experiencia y sabiduría en el grupo.
Algunos de los retos que afrontaban seguramente son compartidos en muchos espacios y experiencias:
- Procesos abiertos que nunca se cierran.
- Hombres que no se involucran en la gestión y todo el peso acaba recayendo en las mujeres, lesbianas, trans y feministas de los colectivos.
- Cómo a veces puedes ser agredida, a veces cómplice.
- ¿Cómo se cuida a quien gestiona la agresión?
- ¿Qué papel tienen los hombres, cómo se coresponsabilizan?
Gracias a todos por la confianza al participar en la cápsula formativa y la predisposición a abrazar la vulnerabilidad, la responsabilidad y la reparación, propia y ajena.