Covid-19 y la diversidad en las escuelas: desigualdades, privilegios y opresiones.

27 de junio de 2020

Un año más terminamos el curso haciendo el cierre y la evaluación de resultados del Benvinguda Diversitat, un proyecto realizado con el apoyo del Programa de Educación para la Justicia Global del Ayuntamiento de Barcelona y que este curso nos ha permitido trabajar con la Escuela Seat, el Patronato Domènech y el Instituto-Escuela Turó de Roquetes, las tres en Barcelona.

El Benvinguda Diversitat nace con el objetivo de generar más conciencia sobre las discriminaciones que existen en la sociedad y se reproducen en las escuelas, y tiene la tarea de ofrecer herramientas para la gestión de los conflictos y el abordaje de la diversidad de los grupos. En Fil a l’agulla somos conscientes de que bajo el concepto “diversidad” a menudo se ocultan muchas cosas; nosotros le damos una perspectiva feminista y antirracista.

Este curso, sin embargo, hemos terminado el proyecto con la sensación de que ha pasado un tsunami y nos ha hecho dar cincuenta vueltas antes de arrastrarnos hacia un lugar nuevo, el lugar donde se encuentra ahora mismo el sistema educativo: exhausto y lleno de interrogantes sobre lo que significa educar en este nuevo contexto que ha traído la Covid-19. Las escuelas se han adaptado de diferentes maneras para terminar el curso, y nosotros también lo hemos hecho con el Benvinguda Diversitat: sesiones en línea con los claustros y con las familias, hemos incrementado la comunicación por correo electrónico, entrevistas por teléfono, etc.

En este momento de revisión y evaluación, las preguntas que nos hacemos no tienen tanto que ver con la manera en que nos hemos adaptado, sino con la razón de ser de un proyecto como el Benvinguda Diversitat en las escuelas a partir de ahora: ¿tiene sentido hablar de diversidad en este nuevo contexto?

Una de las principales lecciones de la Covid-19 es que los privilegios y las opresiones se han hecho más visibles, empezando por todo lo relacionado con la clase social. Cuando ya parecía que no hablábamos de clasismo en el sistema educativo – quizás solo en los debates sobre la segregación escolar – resulta que la crisis actual nos ha hecho ver que en Sarrià no hay la misma tasa de Covid que en Nou Barris, que muchos niños no tienen medios electrónicos ni wifi para conectarse con la maestra, y que las posibilidades que tienen las familias para acompañar a los niños están totalmente determinadas por sus ingresos y su capital cultural.

Si la generación de conciencia sobre el sexismo y el racismo ya formaba parte de la esencia del Benvinguda Diversitat, el nuevo mapa de las desigualdades mundiales y locales nos empuja necesariamente a identificar las condiciones con las que vivimos y educamos. Cómo nos atraviesan las desigualdades, cómo están disimulados los privilegios y cómo están normalizadas las opresiones.

Y aquí la Covid-19 nos ha hecho observar algunas evidencias: que no es lo mismo tener una vivienda amplia que un espacio compartido; que el confinamiento ha sido bastante difícil para muchas personas LGTBI*; que el racismo está vinculado a las situaciones laborales de las familias y, por lo tanto, a su exposición a los contagios; que las personas con diversidad funcional ya hace tiempo que viven situaciones análogas al confinamiento; que el papel nivelador de las desigualdades sociales que tiene la escuela se ve difuminado cuando la educación se deja solo en manos de las familias... Y podríamos seguir haciendo una lista muy larga de todas aquellas diversidades que el sistema educativo debería tener en cuenta.

No sabemos si el próximo curso podremos seguir profundizando en estos temas, o si la nueva situación hará que la prioridad de los centros educativos sea la transición hacia una enseñanza de calidad a través de las pantallas. Pero sí que terminamos con la convicción de que el sistema educativo entero se encuentra ante uno de los mayores retos de las últimas décadas, y no solo por el hecho de tener delante una situación de emergencia relacionada con la salud, sino también por la necesaria conjugación de un modelo pedagógico adaptado al mundo actual y la profunda necesidad de reducir las desigualdades educativas. Nuestra propuesta, con el Benvinguda Diversitat, es la de profundizar en un sistema educativo que vea y analice las desigualdades, desde el mundo hasta el aula, acompañando y apoyando a los equipos y a las escuelas en el proceso de ganar conciencia y trabajar por la transformación social.

 

Noemí Canelles (Socióloga y trabajadora social en Fil a l’agulla, con una larga trayectoria profesional entre la intervención socioeducativa y la investigación en materia de violencias, género y culturas juveniles).

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