Esta es nuestra consigna:
Vivir como un árbol, solo y libre.
Vivir fraternalmente como viven los árboles del bosque.
Este es nuestro sueño.
Nazim Hikmet
¿Qué transforma? ¿Qué genera cambio? ¿Quiénes son los y las activistas? ¿Quién genera transformación? ¿Qué significa "transformar" para mí? ¿Cuál es mi camino? ¿Qué pinto yo en todo esto? ¿Cuál es mi visión del mundo? ¿Qué hago con mis contradicciones internas? ¿Soy el cambio que quiero ver crecer? ¿Cómo saberlo?
A muchas personas nos preocupa hacer del mundo un lugar mejor y cada uno busca su manera de contribuir a ello. La dificultad de todo esto es que mejorar, avanzar, evolucionar puede significar cosas muy diferentes para cada persona y para cada grupo, dependiendo de factores muy diversos: la historia de vida, la familia, el barrio, el pueblo o ciudad, el país en el que hemos nacido, la clase social de donde venimos, nuestra socialización de género, la trayectoria política, el origen cultural, la ideología, las violencias vividas y, en definitiva, los privilegios y opresiones sociales que encarnamos. Ser conscientes de todo esto nos ayuda a saber quiénes somos, desde dónde miramos el mundo, cómo actuamos, cómo entendemos el compromiso y cómo experimentamos la pertenencia y la comunidad.
Personalmente, no recuerdo el día en que empezó a preocuparme e interpelarme la injusticia. Ya siendo delegada en primaria o observando cómo algunas personas se quedaban solas en el patio, o cuando me quedaba yo, algo muy fuerte se movía dentro de mí. Mi primera asamblea fue en la ESO. Desde entonces he pasado por movimientos y organizaciones muy diferentes: estudiantiles, feministas, de cultura popular, de ocio, anticapitalistas, por el derecho a la vivienda digna, etc. De estos espacios he aprendido que saber confrontar, visibilizar el conflicto y ser contundente es imprescindible cuando hay vidas y opresiones graves en juego. A estos espacios agradezco que se arremanguen como nadie, hacen lo que las instituciones no hacen, ponen privilegios propios al servicio del bien común y tejen apoyo mutuo con quienes siempre están al margen y solas. Honro estos espacios porque ponen el foco en remediar la violencia estructural (aquella generada por las leyes, las discriminaciones sociales y los prejuicios), que es muy dura, que genera represión, hiere y traumatiza, y muchas personas hacen frente a ella con el corazón en la mano. Es por todo esto que sigo una y otra vez creyendo y aportando mi granito de arena en iniciativas como estas.
Al mismo tiempo, en mi vida en estos espacios, a veces me ha quedado estrecho el marco de la ventana. A veces, me han parecido rígidas las creencias, excluyentes las dinámicas internas, he encontrado espacios demasiado juzgadores hacia la diferencia, insuficientemente conscientes de los sistemas de opresión que reproducimos (como el productivismo o el individualismo) y de los privilegios que ostentamos, y me ha faltado corazón, humanidad, comunidad, empatía y abrazos. Evidentemente, yo he formado parte de todas estas dinámicas y con estos conflictos internos comencé la búsqueda que me llevó a la facilitación.
La facilitación es para mí otra manera de transformar. Transformar a partir de escuchar, de ver al otro, de abordar los conflictos más allá de la lógica de la guerra, de ablandar resistencias acompañando con comprensión, claridad y ternura, de hacer trabajo personal y promoverlo en los demás para desaprender la violencia estructural. En el trabajo de facilitadora en Fil a l’agulla no me canso de ver cómo maestros, equipos directivos de diversos tipos, cooperativas, personas funcionarias de las administraciones, comunidades, y también colectivos activistas, buscan sus maneras de transformar. Algunas de las prácticas de las que hablo nunca se nombrarán como “activismos” y, aun así, son un valioso tesoro y generadoras de cambio hacia la comunidad, el apoyo mutuo, las relaciones equitativas y la vida digna de las personas, la comunidad humana y el planeta. Como lo es, también, el activismo “político”.
Mi sueño es un mundo donde las diferentes maneras de transformar en esta dirección puedan reconocerse, valorarse y complementarse sin compararse, sin establecer jerarquías de la mejor o peor opción. En el mundo de hoy hay mucho sufrimiento y mucha injusticia, y se necesitan muchas manos y muchas sabidurías diferentes. A veces, una palabra amable transforma más que una manifestación, y para cambiar las leyes seguramente se requieren más cosas que simples palabras amables.
El próximo 10 de julio, realizaremos el monográfico ‘Desde dónde quiero ejercer mi activismo. La semilla que sembramos’ en formato virtual. Este espacio es la semilla que quiero sembrar para que cada persona encuentre su manera de contribuir a la transformación, en estrecha conexión con su corazón y con un horizonte claro para que el camino sea sólido y fuerte cuando lleguen las adversidades y, en lugar de vivirlas con sacrificio, sean esfuerzos con sentido, con vida. La semilla que quiero sembrar es que saber quiénes somos y a dónde queremos ir nos ayuda a caminar juntas, a tomarnos de la mano y a saber que somos un ser único, que forma parte de varios nosotras y de un todos que es la humanidad y el planeta Tierra. Cómo me comprometo con mí, con nosotras y con todas a la vez, es la respuesta que nos hará resistentes y perdurables.
Así pues, te invito a asistir a esta cápsula formativa de la Escuela Fil, tanto si te llamas activista como si no, donde reflexionaremos sobre nuestra aportación al mundo y nuestro lugar en la transformación, así como identificar las viejas lógicas que nos operan a través de cultivar la conciencia, la capacidad de aprender y de dar y recibir feedback. Un pequeño viaje para sembrar las semillas de los frutos que quieres recoger.