Volver al trabajo y a la escuela desde el cuidado.

27 de septiembre de 2022

Un artículo elaborado por el equipo de Fil a l'agulla.​

Volver al trabajo y a la escuela desde los cuidados.

Entre la semana pasada y esta, el equipo de Fil a l’agulla hemos vuelto progresivamente al trabajo después de un mes o 5 semanas de vacaciones. Durante estos días hemos compartido cómo estábamos y qué nos estaba ayudando a nosotras y a las criaturas de nuestra comunidad y nuestro entorno a poder hacer el tránsito o, lo que se denomina desde muchos ámbitos, “afrontar el síndrome postvacacional”. Este artículo tiene el objetivo de transmitiros estas herramientas por si os pueden ser útiles tanto a nivel personal como si lideráis equipos y organizaciones, ya sean empresas, entidades, organismos, instituciones públicas, centros educativos, etc.  

Somos muy conscientes de que las ideas que compartimos en este artículo provienen de un lugar de mucho privilegio por el hecho de vivir donde vivimos, ser mayoritariamente blancas, tener trabajo y ser socias de una cooperativa en la que podemos decidir juntas todos los aspectos vinculados a la organización del trabajo (el horario, el salario, el tiempo libre, las vacaciones, la cultura, los espacios de reunión, el ritmo, etc.). 

Para muchas personas no es así. Muchas personas no tienen trabajo ni acceso a poder tenerlo, otras han tenido muy pocas vacaciones y habrían necesitado más, otras aún no las han hecho porque justamente el verano es la época en que necesitan trabajar más (turismo, agricultura y ganadería, etc.) o las han hecho, pero han tenido que trabajar o estudiar. Algunas personas vinculadas a los trabajos del campo o artesanas de toda la vida no han hecho nunca vacaciones ni contemplan que puedan hacerlas, otras las hacen en otros momentos o tienen que trabajar en otro lugar mientras están de vacaciones, otras trabajan en empresas donde la producción y la productividad siguen siendo el centro y no hay ninguna intención de asumir responsabilidad por el bienestar de las personas trabajadoras, otras trabajan en un contexto de guerra, otras no trabajan porque su preocupación es intentar migrar...

En fin, nombramos toda esta diversidad para ser más conscientes nosotras mismas y también para contribuir a poner de manifiesto las dinámicas de poder y privilegio que operan en nuestra sociedad y que generan injusticia y discriminación. También, para situar el contexto concreto desde donde escribimos el artículo, ya que esto determinará a quién le puede ser más útil. Por todo lo demás, hay que decir que, desde Fil a l’agulla, con toda la humildad y también con toda la determinación, continuaremos trabajando para promover que el feminismo, el antirracismo y la perspectiva de los cuidados en general sean aún más coherentes dentro de nosotras y que puedan llegar a más y más personas y organizaciones.

¿Qué nos puede ayudar en la vuelta al trabajo?​

-Cuestionar el “síndrome postvacacional”: A la experiencia que tenemos cuando volvemos al trabajo o al cole, por las criaturas, se la llama habitualmente "la síndrome postvacacional". Las etiquetas a veces nos pueden ser útiles para poner nombre a lo que nos pasa, poderlo identificar, saber qué podemos hacer, etc., pero a veces pueden contribuir a patologizar e individualizar algunos procesos intrínsecos a las personas y/o al modelo de sociedad que tenemos. En este sentido, puede ser útil entender que lo que nos pasa es natural y que los cambios forman parte de la vida y sus correspondientes ciclos.

– Legitimar nuestra experiencia: Quizás algunas personas están muy contentas de volver al trabajo, recuperar los vínculos con las compañeras y regresar a la rutina y la estructura que habían perdido durante las vacaciones. Tal vez otras sienten tristeza, ansiedad, cansancio, baja energía porque se han acabado las vacaciones y tendrán que cambiar el ritmo, no podrán elegir tanto qué hacer con su tiempo ni con quién, no podrán descansar tanto o hacer algunas cosas que les gustan mucho... y tal vez haya quien sienta un poco de todo. Todo está bien. No “tenemos que estar de ninguna manera concreta” para volver. No es necesario que hayamos “recargado las pilas para volver con mucha energía después de unas supervacaciones y haber hecho mil cosas” como se espera a menudo en nuestra sociedad occidental. Debemos estar como sea que estemos, acogerlo, legitimarlo y acompañarlo.

-Aceptar que es un proceso natural que necesitamos transitar. Necesitamos poder hacer el tránsito, gestionar el cambio de ritmo, de actividades, organizarnos, reconectar... Necesitamos un período de adaptación que durará unos días, unas semanas y... pasará. Y eso no es un problema. No pasa nada si no estamos al 100% y vamos más despacio. No necesitamos estar siempre “superproductivas y eficientes” como nos marca el modelo capitalista en el que vivimos. De hecho, lo que es más eficiente, ya nos lo enseña la naturaleza y la vida, es hacer lo que está en conexión con quienes somos en cada momento y no resistirnos...

-Anticiparnos o prepararnos: A algunas personas les puede ayudar el hecho de empezar a conectar con el trabajo unos días antes de comenzar para prepararse, organizarse, imaginarse cómo será el regreso o cómo quieren que sea, tener en cuenta lo que es importante para cada uno para poder empezar, etc. A los padres, madres y personas que tienen hijos o personas a su cargo, poder buscar apoyo y tener algún espacio de soledad para centrarse en sí mismos y situarse también puede ser muy útil, aunque sea una hora. Hay personas que prefieren aprovechar al máximo hasta el último minuto los días de vacaciones haciendo otras cosas y no pensar en el trabajo hasta el mismo día. No hay recomendaciones que sirvan para todo el mundo. Lo importante es que cada uno sea consciente de lo que le va bien y lo haga en función de sus posibilidades.

-Identificar las señales: Prestar atención a lo que nos está pasando nos puede ayudar a ser más conscientes de qué aspectos o situaciones necesitan atención, tanto en el terreno personal como organizativo. En el ámbito personal, ser más conscientes de lo que nos pasa nos puede ayudar a activar recursos internos, buscar apoyo o tomar decisiones importantes en relación con el trabajo. En las organizaciones, crear la cultura y los espacios para detectar y compartir cómo estamos nos puede ayudar a saber más qué hace falta y crear medidas y condiciones para seguir profundizando en la incorporación de los cuidados y la gestión del estrés a nivel organizativo y no dejar a las personas solas como si fuera un tema únicamente individual.

-Mantener el espíritu de vacaciones e integrarlo en el día a día. A menudo, en nuestro contexto, podemos vivir los períodos de vacaciones de una manera muy disociada del resto del año. Una manera de hacerlo diferente es poder llevar más "las vacaciones" (sea lo que sea que signifique "vacaciones" para cada uno) a la rutina del día a día. Si para ti vacaciones significa estar más relajada, ver más a las amistades, hacer lo que te gusta, viajar, "no hacer"... ¿cómo podríamos hacerlo más durante el resto del año?, y las organizaciones, ¿cómo podríamos promoverlo más?, tal vez podemos trabajar a otro ritmo, poner más límites a la presión interna y externa, hacer más pausas, respirar más, buscar "oasis" para seguir haciendo las actividades que nos gustan, organizar escapadas...

-Sentir la comunidad, hacer equipo: Tal vez no sirva para todos, pero a muchas personas les ayuda, al regresar al trabajo, conectar con las compañeras para, gradualmente, ir conectando con las gestiones, los proyectos, las personas que son clientas o con otras personas con las que necesitamos vincularnos en el trabajo. En este sentido, puede ser muy útil que las organizaciones sean conscientes de esto y faciliten un primer momento presencial con las compañeras para compartir cómo estamos, cómo han ido las vacaciones y, poco a poco, ir reconectando con los temas de trabajo, recuperar las tareas, organizarse conjuntamente, atender a clientes, usuarias, etc. No olvidarnos de que somos personas y somos comunidad más allá de ser trabajadoras o de realizar una tarea concreta. A otras personas, les puede ir bien conectar directamente con el sentido de la tarea que hacen, comenzando desde el principio haciendo los trabajos que están en el corazón de su actividad.

-Conectar con los privilegios que tenemos. Aunque tener un nivel de vida adecuado se considera un derecho humano y tener un trabajo digno es una forma de garantizar este derecho, muchas veces no es así. Si sentimos tristeza por tener que volver al trabajo, podemos conectar con el privilegio que es estar vivas, poder tener trabajo, haber tenido vacaciones, tener un salario que nos permite vivir si es el caso, tener salud física o mental para poder realizarlo, tener un equipo y muchos otros privilegios sociales y personales, etc.

-Compromiso y organización colectiva: La manera de vivir y organizar el trabajo en la sociedad capitalista occidental forma parte de un viejo paradigma que no es respetuoso ni con la vida de las personas ni con la del planeta. Necesitamos avanzar más rápido para generar este cambio y usar nuestros privilegios para crear propuestas y promover nuevas formas de vivir y trabajar que fomenten el bienestar para todos. Desde promover un cambio cultural e incorporar los cuidados y la perspectiva feminista y antirracista en nuestras organizaciones, hasta medidas más concretas como hacer vacaciones más cortas durante 4 períodos al año para desestacionalizar las vacaciones y que sea más sostenible para las personas y los diferentes territorios, reducir la semana laboral a cuatro días, reducir las jornadas laborales para redistribuir el trabajo y que todos tengan empleo, luchar contra la precariedad laboral, apoyar a los sindicatos y colectivos de activistas que están luchando por los derechos laborales, etc.

¿Y cómo es el regreso a la escuela para los niños?​

Al igual que nosotros, los niños experimentan la misma diversidad de sentimientos y experiencias que nosotros en relación con el regreso a la escuela. Tal vez algunos niños están muy contentos de volver a la escuela, reencontrarse con los compañeros de clase, las maestras, la rutina que también puede dar seguridad, etc. Tal vez para otros el regreso puede ser más difícil porque la relación con la escuela, la clase, el aprendizaje, etc. no es tan fácil, o porque tienen que separarse de las personas con quienes han compartido las vacaciones o de los adultos de referencia durante muchas horas. ​ 

A veces, los niños lo expresan directamente: “no quiero ir al cole”, “tengo miedo”; otras veces, lo expresan a través de molestias físicas: “me duele la panza”, “tengo dolor de cabeza”; o también a través de estar muy inquietos o movidos, o como decimos a veces los adultos, encontramos que “están difíciles”, etc. Pero cuando lo hacen, aunque no sea con palabras porque aún están en proceso de aprender recursos emocionales para hacerlo, nos están compartiendo o transmitiendo una realidad que para ellos es muy real.

¿Cómo podemos, las madres, padres, cuidadores, maestros, abuelos, abuelas, tías, amigas... acompañar mejor a los niños en este proceso?

Empatía: Conectar con nuestra propia experiencia, tanto la de volver al trabajo como con nuestra experiencia de infancia cuando teníamos que volver a la escuela. Esto nos puede ayudar a comprender el presente de los niños que están en nuestra vida y ser más sensibles a cómo lo están viviendo.

-Validar sus emociones: Acoger lo que sienten, transmitirles que está bien, estar a su lado, presentes, escuchar, dar tiempo, tener paciencia para que hagan el proceso de adaptación que necesitan y acompañarlos en ello. Al igual que en las personas adultas, pasará. Si no pasa, es un síntoma de un malestar más importante que será importante atender desde el ámbito que sea. Desde las escuelas puede ser interesante crear espacios en clase para hablar de cómo están y acoger la diversidad.  

- Hacer preguntas: Preguntar qué es lo que más les cuesta. ¿Qué les da miedo? Si tiene que ver con las compañeras, tal vez sientan vergüenza porque hace mucho tiempo que no las ven, quizás sienten vergüenza y ganas a la vez, tal vez les da pena no poder jugar tanto o no poder ver tanto a la familia, estar sentadas mucho rato... Hacer preguntas puede ayudarnos a conocer mejor a las criaturas, detectar síntomas de malestar y poder acompañarlas, además de poner atención a las señales de acoso.

-Conectar con lo que les gusta: Hacer una lista o nombrar las cosas buenas que sí les gustan de volver a la escuela. A muchos niños, poder ver a los amigos, tener material escolar nuevo, tener una rutina, retomar actividades que les gustan, les ayuda a querer volver.

Anticiparnos: A muchos niños les ayuda adaptarse a los cambios si hablamos de ello con anticipación, así se van preparando. En este sentido, puede ser útil hablar de la escuela unos días antes, hablar de los cambios que habrá, conectar con alguna familia u otros niños de la escuela previamente, preparar el material, etc.

 Tener en cuenta la diversidad de experiencias y las dinámicas de poder y privilegios: ¿Qué les ha gustado de hacer vacaciones? ¿Han disfrutado del tiempo en familia, sea lo que sea lo que el término familia significa para cada uno? Tanto en casa como en las escuelas, puede ser útil generar un espacio para compartir cómo han estado teniendo en cuenta la diversidad de experiencias que puede haber. No dar por supuesto que las vacaciones han sido buenas para todos, hay niños que no tienen sus necesidades básicas y afectivas cubiertas y para quienes la vuelta a la escuela es muy esperada porque significa poder comer, tener un espacio de seguridad, recuperar vínculos, descansar del estrés que viven en casa. Tal vez otros se han sentido solos porque sus padres han tenido que trabajar todo el mes o quizás han pasado cosas importantes en casa (enfermedades, muertes, nacimientos, separaciones, marchas de algún miembro, regresos a los países de origen, otros). En este sentido, si somos padres o madres o si somos profesorado, es importante que seamos conscientes de esta diversidad para promover la conciencia sobre la desigualdad y el privilegio y espacios más respetuosos e inclusivos.

-Ayudar al niño a que se sienta amado más allá de los resultados académicos: A menudo, en el marco de la sociedad capitalista y productivista en la que vivimos, tenemos la tendencia a poner el foco en los resultados académicos y a proyectar en los niños nuestras expectativas y frustraciones adultas. Los niños, al igual que nosotros, necesitan ser amados por todo lo que son, más allá de los resultados, las notas y los deberes de la escuela.

- Educar para los cuidados de las personas y el planeta: El sistema educativo es clave para promover el cambio de paradigma en relación a la vida y el trabajo en un sentido amplio. Por lo tanto, las instituciones educativas, los centros, las familias y todas nosotras como ciudadanas necesitamos asumir nuestra responsabilidad en este momento histórico. Para nosotras, esto significa educar para la conciencia emocional, social y ambiental. Significa educar a los niños, desde muy pequeños, para que sean conscientes de la diversidad, de las dinámicas de poder y privilegio, de sus impactos en los demás y en el entorno... En definitiva, significa transmitir la perspectiva ecofeminista y antirracista, para que sea cual sea el trabajo que realicen en el futuro o lo que aporten a la sociedad lo hagan desde un paradigma que promueva, realmente, otra manera de vivir y habitar el mundo.

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