La vulnerabilidad que nos interconecta.

27 de marzo de 2020

En estos días de confinamiento, obviamente hay momentos en los que me cuesta pensar y confiar en el futuro. De la noche a la mañana he tenido que anular gran parte de lo que había planificado y mi vida ha dejado de ser tal como era. Así, de repente, sin haberlo elegido, sin haberlo podido prever, sin haber podido hacer nada para impedirlo.

Todo esto me hace sentir inmensamente vulnerable, me recuerda que lo que yo quiero o puedo anticipar es solo una pequeña parte de la película y que nuestras vidas están regidas muy a menudo por fuerzas y misterios que nos trascienden y que no preguntan, actúan.

Vulnerabilidad, una palabra que está en el orden del día. Forma parte de artículos e incluso de discursos políticos. Una palabra que representa algo que la sociedad occidental capitalista, racista y patriarcal ha querido negar: que los seres humanos, los países, las especies no somos autosuficientes, nos necesitamos unos a otros, somos interdependientes. La ilusión que ha vendido el sistema capitalista (y que muchas hemos comprado) de que podemos acceder a todo lo que necesitamos con dinero se ha desvanecido estos días en un abrir y cerrar de ojos.

El dinero no nos hace independientes de los demás, de nuestras comunidades, de la naturaleza, del universo. Tampoco nos hace autosuficientes aumentar nuestra autoestima o creer en nosotras mismas. Otro gran malentendido o engaño que el sistema ha promovido. Cultivar amor hacia una misma y la capacidad de conectar con las profundidades individuales no nos libera de los demás, en todo caso, nos ayuda a no establecer relaciones tóxicas y a amar mejor, eso es todo (lo cual no es poco).

No hay nada que nos pueda hacer ahorrar la relación con el otro y la diferencia, la necesidad de ser queridas, tampoco es posible escapar del dolor, tampoco de la muerte que nos llegará, un día u otro, a todas sin excepciones. No es posible seguir desresponsabilizándonos de nuestros impactos sobre el resto de las personas y sobre el medio, porque nosotras somos los otros y el medio también somos nosotras.

Abrir la puerta a la vulnerabilidad significa abrir la puerta a una idea que, paradójicamente, es muy poderosa: estamos interconectadas, somos parte de un todo, nos afectamos, no estamos solas.

Desde Fil a l’agulla, hace 10 años que ayudamos a personas, organizaciones, colectivos, escuelas, administraciones y a nosotras mismas a reconocer nuestra vulnerabilidad y, no solo eso, hace una década que reivindicamos que en la vulnerabilidad hay sabiduría, hay una clave que nos puede ayudar a salir de situaciones como la actual, donde el cerebro y la racionalidad, básicamente, colapsan.

Porque en el fondo, la vulnerabilidad es a menudo el nombre que le damos a la experiencia que tenemos cuando necesitamos ayuda, cuando queremos conexión. ¡Viva la vulnerabilidad! Que tiene el potencial de humanizarnos, de acercarnos (a pesar del confinamiento). Es la vulnerabilidad la que nos puede hacer cambiar de paradigma y entrar en una era en la que sabremos que somos parte del todo y, desde este sentimiento y esta certeza, será imposible no poner a las personas, el bienestar y la sostenibilidad de la Tierra en el centro.

 

Neus Andreu. Facilitadora, formadora, consultora organizacional y socia de Fil a l’agulla.

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