¿Esconden el conflicto bajo la alfombra?

7 de noviembre de 2023

Por Blanca Fariña. Formadora y facilitadora de Fil a l’agulla

¿Esconden el conflicto bajo la alfombra?

Las señales del conflicto

Cuando estamos en grupos u organizaciones, hay muchas señales que nos indican que hay un momento de conflicto: personas que evitamos encontrar, silencios incómodos, repetidas subidas intensas de tono, conversaciones paralelas en espacios reducidos, personas que dejan de venir…

A veces nos colocan en situaciones de reto y mucha dificultad y no sabemos cómo afrontarlas. Tenemos tendencia a dejar pasar las señales, esperando que todo pase o que vuelva a ser como antes.

En mi caso en particular, a menudo el cuerpo me da información sobre un posible conflicto en el que pueda estar involucrada en un momento dado. Lo noto especialmente en mi estómago o en mi tensión corporal. Con el tiempo que llevo acompañando procesos personales y relacionales, puedo decir que no soy la única a quien le pasa.

Y no solo el cuerpo nos da información.

¿Qué hacer con las señales?

La teoría que hemos aprendido y que aplicamos como facilitadores en Fil a l’agulla nos habla de que estos momentos en los que podemos detectar conflictos son momentos de oportunidad, de crecimiento, y de poder prestar atención a lo que está emergiendo en las relaciones u organizaciones.

No solo eso, también sabemos que atender a estas señales es la manera de avanzar, ya que si no lo hacemos, el conflicto no se irá, trayendo más señales con mayor intensidad para finalmente lograr llamar nuestra atención.

Es aquí cuando hablamos de que el conflicto "escalda", y es cuando está muy "escalado", que se hace más difícil de abordar. Generalmente, es en este momento cuando nos sentimos obligadas a prestarle atención.

Estar atentas, nombrar y tener curiosidad por estas señales cuando aparecen es el primer y gran paso. Parece sencillo y, al mismo tiempo, a veces, ¡qué difícil y paralizante puede ser!

¿Pero qué lo hace tan difícil?

Quiero nombrar especialmente dos motivos que nos hacen no darnos cuenta de las señales o no querer atenderlas:

Por un lado, nuestras experiencias dolorosas en relación con el conflicto: No existen en la cultura europea patrones para abordarlos, y tenemos numerosas vivencias de sufrimiento en el ámbito personal, organizacional y global, en torno a los conflictos.

Por otro lado, el miedo a que se rompan las relaciones, los vínculos o los proyectos compartidos. Asociamos el hecho de tener conflictos con pensar que la relación ya no está bien y que puede terminar, creemos que nombrar las señales de conflicto podría hacer avanzar este proceso de ruptura.

Debemos poder escuchar y dialogar con aquello que nos frena a tratar el conflicto. ¿Qué parte de lo que nos frena debemos tener en cuenta para sentirnos seguras de poder abordarlo? ¿Tenemos las condiciones? Si no las tenemos, probablemente no será el momento de hacerlo.

Al mismo tiempo, ¿qué partes de lo que nos frena para afrontar el conflicto debemos hacer callar porque tienen que ver con momentos del pasado mal gestionados o creencias infundadas?

¡Tengo buenas noticias!​


Escolteu: El conflicto es inherente a cualquier relación y aparece especialmente cuando estas necesitan integrar más diversidad. Esto significa que puede ayudarnos a poner límites, a alimentar nuestros vínculos, o a ser personas u organizaciones más completas y libres en nuestras decisiones.

Estrategias y momentos de éxito.

Si detectamos y nombramos pronto los conflictos, será más fácil entender su sentido y llegar a resoluciones. Para hacerlo de una manera segura y cuidadosa, podemos aprender algunas habilidades y herramientas.​

Si no nos sentimos con seguridad para hacerlo solas, podemos pedir ayuda a personas formadas en el tema.

Las señales de conflicto pueden ser nuestras aliadas. Si las seguimos, pueden llevarnos en la dirección que necesitamos para seguir evolucionando. Y es que las personas y las organizaciones estamos en movimiento, y lo que nos servía al principio, ya no nos sirve más tarde.

Los conflictos nos dan pistas de lo que necesitamos ir incorporando en nuestros caminos. A veces también puede significar despedirnos de personas o formas de funcionamiento que ya no encajan.

Comparto con vosotros algo: el cuerpo también me ha dado señales cuando he podido atravesar un conflicto y llegar a tener más comprensión sobre mí, sobre una relación o sobre lo que el grupo necesitaba. Me he podido sentir más presente, más conectada con los demás, y a veces también conmovida por sentir el movimiento del proceso, diciendo adiós a unas partes y hola a otras nuevas.

 

Y si quieres saber más sobre conflicto, echa un vistazo a nuestro próximo curso La facilitación de conflictos. Aprendiendo de las tensiones.




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