Supervisión y cuidado en los equipos de trabajo social.

27 de abril de 2019

El 4 de abril de este año, nuestra socia Anna Espadalé participó en una mesa redonda en Girona sobre el cuidado del profesional en el ámbito del trabajo social. Fue invitada por el Colegio Oficial de Trabajo Social de Cataluña en el marco del​ Ciclo "Debates en Trabajo Social y Política Social". En la mesa pudo abordar una de las tareas que realizamos desde Fil a l’agulla: la supervisión de equipos profesionales. 

En la mesa redonda en la que participó Anna Espadalé también estaba Aisha Domènech, educadora de la Casa de Acogida para la Violencia Machista, donde nuestra compañera realiza una supervisión de equipos desde hace tiempo. Las preguntas iniciales de esta conversación querían abordar el cuidado de la comunidad y de los equipos de trabajo. ¿Qué relaciones establecemos con las personas que acompañamos? ¿Qué daños generamos? ¿Somos conscientes de ello? ¿Lo reconocemos? ¿Qué responsabilidad tenemos? Fue un diálogo entre las dos participantes, en el que Anna explicaba más la parte técnica, qué perspectiva se utiliza al hacer la supervisión de grupos profesionales y el concepto de cuidados, mientras que Aisha lo complementaba con su vivencia y experiencia en la casa de acogida. Al público asistente, nos explica Anna, le gustó este formato que combinaba teoría y práctica.

Anna Espadalé reivindicó mucho la necesidad de apoyo y cuidado de las profesionales del Trabajo Social. “Sé que, poco a poco, está cambiando la cultura dentro del ámbito social y cada vez hay más organizaciones de este sector que generan espacios de cuidados. Por ejemplo, con espacios de supervisión de equipos como el que yo llevo. Pero durante los debates en Girona se pudo evidenciar mucho que todavía falta para que este cambio cultural sea realmente vigente en todas las organizaciones y equipos”

En el público había asistentes que compartieron que, a pesar de haber trabajado muchos años en el sector, nunca habían tenido o recibido una supervisión de equipo. “Las profesionales del Trabajo Social son personas que atienden a gente en situaciones de mucha vulnerabilidad, mucha dificultad, mucha complejidad. Las trabajadoras asistentes lo decían: cada vez crece más la complejidad de los casos y eso impacta en la salud, física y emocional, y el bienestar en todos los ámbitos de las profesionales. Entonces, creo que es muy importante seguir reivindicando este cambio de paradigma”, explicaba Anna.

Lograrlo es responsabilidad tanto de las organizaciones, entidades, fundaciones y administraciones públicas, como de todas las trabajadoras y trabajadores sociales, para garantizar que se incorpore el cuidado al ámbito social. ¿Qué hacen, si no, las profesionales del Trabajo Social? Dar apoyo. Es necesario que este apoyo sea bidireccional, es decir, que se pueda aplicar el cuidado no solo a las personas que atendemos o acompañamos profesionalmente, sino también a los equipos de trabajo. “También es responsabilidad nuestra, de las profesionales del sector social, porque a menudo nos cuesta conectar con nuestra parte vulnerable. Nos identificamos mucho, pienso, con personas cuidadoras que queremos transformar el mundo. Esto puede impedirnos ver cuáles son nuestras limitaciones. O conectar con que, a veces, también necesitamos apoyo”, argumenta Anna.

Durante la mesa redonda, nuestra socia compartió algunas pinceladas de cómo funciona el grupo de supervisión de la Casa de Acogida para la Violencia Machista donde trabaja Aisha Domènech. Es un espacio grupal que lo conforman todas las integrantes del equipo de trabajo, incluida la dirección y la coordinación. “Básicamente lo que hacemos es atender dos aspectos. Primero, cómo estamos dentro del equipo, lo que incluye a menudo cómo nos sentimos en relación al trabajo que estamos haciendo, cómo nos encontramos de energías, de estrés, si hay casos especialmente difíciles... Segundo, también incluye atender las relaciones dentro del equipo, cómo nos sentimos entre compañeros y compañeras, gestionar conflictos que puedan haber, ya sea entre iguales o con superiores y responsables. Por ejemplo, facilitamos la gestión de las críticas o atendemos dinámicas de poder dentro del equipo. Tal vez por diversidad, como por ejemplo personas nuevas y personas veteranas, las que son suplentes, las que trabajan en turno de día o de noche... Se me ocurre también si hay diferentes estilos comunicativos, quién tiene facilidad para aportar y hablar en el grupo, quién no, etc. En resumen, atendemos el impacto de todo esto entre las personas que conforman el equipo de trabajo”, relata Anna.

Pero también es un espacio donde llevar casos y atenderlos de forma colectiva: “podemos hablar de un caso que me está generando retos, inquietudes, dudas, necesidades... O bien podemos hablar de temas específicos, transversales, que van más allá de los casos concretos”. La forma de proceder, desde el Trabajo de Procesos, es facilitar que los y las profesionales puedan expresar y compartir sus reacciones emocionales, sean más conscientes de su sistema de creencias y puedan tener un diálogo entre los diferentes roles. Esto podría ayudar a tener más herramientas para intervenir, teniendo en cuenta el propio proceso así como el de las personas que acompañamos.

La segunda parte de la charla tenía que ver con abordar el impacto que nosotros, como profesionales del Trabajo Social, tenemos en las personas que acompañamos o atendemos. En este sentido, hablamos de que desde el rol del Trabajo Social, cuando acompañamos personas, se establecen relaciones de poder. Poder entendido como un concepto muy amplio, no solo que nosotros somos 'quienes ayudamos' y las otras personas 'quienes reciben' la ayuda.”, relata Anna. Esto incluye el poder social, en relación al género, la racialización, la diversidad funcional... y también diferencias a escala de poder personal.

Es muy importante ser conscientes del poder que tenemos para cuidar nuestro impacto y ayudar a que las personas se empoderen. El reto es poder ser conscientes de nuestro poder, reconocer que discriminamos y que a veces hacemos un uso inconsciente de él. “Es natural que pase, pero hay que responsabilizarse. Cuando las personas que acompañamos tienen reacciones que no entendemos, entender que a veces detrás de las reacciones de rabia de las personas que atendemos, quizás están reaccionando a opresiones vividas anteriormente, que no tienen que ver con la relación presente sino con el trauma colectivo. Quizás nosotros las estamos reproduciendo sin tener conciencia de ello. Cuando esto pasa, mostrarnos con apertura para reconocer y reparar”, argumenta Anna. “Tener mucha más curiosidad por cómo lo vive la otra persona. A veces damos muchas cosas por sentadas. Poder decir ‘me sabe mal’, reparar, asumir la responsabilidad, disculparme… Reconocer el poder y los privilegios que tenemos”, defiende nuestra compañera.

Finalmente, incluir las emociones. ¿Cómo podemos ser profesionales más humanas? Esto también incluye poder llevar nuestra vulnerabilidad, mostrar también cuando las cosas nos tocan emocionalmente. Mostrar el impacto en las personas cuando hay cosas que nos duelen. Por ejemplo, si nos cuentan historias que son duras y nos emocionan, es importante poder ser humanas y mostrar cómo nos sentimos, porque así también podemos ayudar a la otra persona a conectar con su experiencia. “Verme más humana también puede ayudar a generar más conexión”, opina Anna. Y es aquí donde debe darse el gran cambio cultural: no está normalizado compartir nuestras vulnerabilidades o las dificultades en el trabajo. En especial, explica Anna, en el mundo del Trabajo Social hay mucho una concepción de “nosotros podemos con todo, no nos podemos equivocar, debemos ser perfectos”. Mucho miedo al juicio de ser evaluadas y evaluados, de que vean que quizás a veces tengo miedo, soy vulnerable... Desmontar esto es una transformación cultural que va ganando peso. Jornadas de debate como las celebradas en Girona lo demuestran.

Si sois un equipo de trabajo y os gustaría saber más sobre los grupos de supervisión que hacemos desde Fil a l’agulla No dudéis en contactarnos. Ofrecemos este servicio en las provincias de Barcelona y Girona. 

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