La mirada restaurativa en primera persona | Un relato de Mireia Alegre

27 de junio de 2021

En septiembre impartimos el seminario de Mirada restaurativa en el mundo educativo, y nos sorprendió (y agradecimos mucho) la buena acogida que tuvo la propuesta. Una de las asistentes, Mireia Alegre Sala, ha querido compartir con nosotros cómo ha podido llevar a la práctica la mirada restaurativa en su aula. Nos emocionó leer su relato. Gracias, Mireia, por tu testimonio y por la valentía de querer transformar transformándote.

por Mireia Alegre Sala

A menudo tengo la sensación de que la visión negativa del conflicto y la violencia que opera entre los jóvenes hace más ruido que las dinámicas de cuidado entre adolescentes.

Se supone que el profesorado, con más recorrido y experiencia, debe acompañar a los jóvenes en adquirir herramientas de cohesión y trabajo cooperativo. Pero, ¿sabemos lo suficiente sobre cómo afrontar el conflicto de manera creativa y positiva? ¿Sabemos lo suficiente sobre cómo poner el foco en el cuidado del grupo y en el personal?

Amb aquestes preguntes al cap i gairebé per casualitat, vaig topar amb el seminari “La mirada restaurativa en el món educatiu” de Fil a l’agulla.​

11 hora de luz y conocimiento que pretende poner en evidencia la importancia de observar y acompañar a la persona agredida, pero también a la agresora, para entender la raíz de ese comportamiento violento como una parte inevitable del inicio de la restauración del conflicto.

A pesar de la brevedad del seminario, unos días más tarde me animé a tener una conversación restaurativa con un alumno:

Antes has hecho un comentario sobre el MA que a mí me ha impactado. ¿Sabes de qué comentario hablo?

– Sí, he dicho que estaría bien saber cómo eliminar la grasa del cuerpo, así el MA no estaría tan gordo

–¿Y en qué estabas pensando cuando lo dijiste?

– No sé... En nada...

– ¿Crees que puede haber afectado al MA? ¿Cómo?

– No lo creo, somos amigos.

– Quizá no lo estabas mirando, pero me he dado cuenta de que cuando se lo dijiste, él bajó la mirada y el resto de la clase lo miró.

– ¿Ah, sí? Pues voy a pedirle perdón.

Y de repente... ¡Magia! Uno de los alumnos más hostiles hacia el resto de los estudiantes, de repente accedió por su propia voluntad a ir a hablar con la persona agredida.

Quizá la magia de todo esto esté en cambiar nuestra mirada, en no tener miedo del conflicto, sino verlo como una oportunidad de cambio y aprendizaje; porque el conflicto siempre estará presente. No nos empecinemos en eliminarlo de nuestras aulas, convirtámoslo en una herramienta de transformación.

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