El pasado 21 de febrero Fil a l'agulla organizamos unas jornadas sobre como educar en un mundo polarizado. Me presento, soy Alba Tejedor, tengo 23 años, trabajo en Fil a l'agulla y tuve la suerte de poder participar en estas jornadas. .
En el marco de este acontecimiento, con el apoyo de la Generalitat de Cataluña, condujimos una mesa redonda conformada por expertos en la materia de la altura de Miriam-Juan Torres, Amat Molero, Isaura González y Adriana Torroella.
La combinación de sus perfiles d'experteza nos regaló una sinergia muy enriquecedora, que espoleada por la moderación de Anna Galí y mi participación, dio como resultado un espacio que se prestaba al aprendizaje y el cuestionamiento de los retos de nuestros tiempos.
Después de la mesa redonda, Anna Galí y Ainhoa Roca, compañeras de Fil a l'agulla, facilitaron un espacio con todos los asistentes a las jornadas, y nos pudimos apoyar, dar consejos y ánimos entre todas para poder continuar andando con propósito y con sentido de ser.
La finalidad de este artículo es compartir un poco con vosotros que me he llevado de esta jornada.
De la mesa redonda me llevo la importancia de aprender a atender los sentimientos.
De la mano de nuestras ponentes pudimos definir el fenómeno de la polarización. La polarización se produce cuando la oposición de dos opiniones enfrentadas se traduce en la dimensión de los afectos, es decir las emociones que los otros nos despiertan a partir de aquí .
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Cuando la confrontación es tan tensa, dejamos de ver al otro como una persona igual que nosotros —el afecto amoroso se pierde— hecho que nos conduce a una escalada del conflicto inevitable. Además, pudimos aprender que las personas presentamos un sesgo de confirmación, la tendencia a buscar, interpretar y recordar la información de una manera que confirme las creencias previas, ignorando o dando menos importancia a la información que las contradice.
De todo esto me llevo que todos y todas podemos ser agentes polarizadores y que, en lo posible, atender los sentimientos puede ayudar en ciertos casos a no escalar el conflicto, sobre todo con niños y adolescentes.
De aquí me nacen muchas dudas: Podemos marcar límites sin polarizar y, en consecuencia, evitando sus altos riesgos? Cuando un límite polariza, qué información nos transmite de nosotros mismos? Intuyo que la polarización viene a decirnos algo que tenemos que aprender, y todavía no somos capaces de ver.
Aun así, que quiere decir esto de atender los sentimientos? En la mesa redonda aprendí que los sentimientos se atienden desde los vínculos, y en el círculo de palabra descubrí que se atienden en conversación. El vínculo es la conexión con alguien —algunos son instantáneos, te reflejas en el momento— otros requieren más tiempo y cultivo.
Desde esta conexión, es más difícil que nos pongamos a la defensiva y el mensaje que intenta transmitirnos el otro tiene más posibilidades de llegar a buen puerto. Me di cuenta que en todas las edades sentirnos vistos nos ayuda a vernos y encuentro indispensable que todo el mundo que pone su energía en el mundo educativo tenga ganas de aprender a ver y verse, puesto que siempre es una figura de referencia, y cuando el otro no es visto, el educador polariza y enseña a polarizar.
En la línea de la importancia de vernos como personas, el siguiente espacio de la jornada consistió en la facilitación de un círculo de palabra conformado por todos los asistentes. Esta actividad permitió descubrirnos en conjunto sintiendo la impotencia y desesperanza por el escenario global, y a la vez nos dimos cuenta que no estamos solas en todo esto, y que parte de la comunidad nos da fuerza y nos acompaña en este proceso. A mí me sirvió para darme cuenta que en la conversación los estados emocionales mutaban, y gracias a este recorrido dialéctico indispensable llegamos a la sensación final que me llevé: hay días que siento desesperanza, hay días que puedo estar cansada, pero no estoy sola, la comunidad me sostiene.

Además, empiezo a darme cuenta que la impotencia tiene dos caras y, cuando se trabaja para girar la moneda, en la otra cara hay el poder que sientes, pero que ahora no sabes hacer tuyo. Lo que quiero decir con esto en un ejemplo rutinario y banal (sin desmerecer el caso) es que si no saber hacerme una tortilla de patatas para cenar me hace sentir muy impotente, es importante que lo atienda, porque aprender es relevante para mi proceso evolutivo, para mi poder de ser algo. Cada cual lo siente por cosas absolutamente diferentes, y todas son dignas y valiosas; lo más importante es la mentalidad de proceso y la confianza de sentir que estás donde tienes que estar.
Fil a l’agulla y yo estamos muy agradecidas del éxito que han sido estas jornadas, y por la participación de todo el mundo, tanto de las ponientes, como de las personas asistentes, como de nuestro propio equipo. Sabemos que queda mucho por hacer, pero nos reconforta ver como tantas personas ponen manos a la obra a la hora de abordar los retos de nuestros tiempos.
Con el apoyo de la Generalitat de Catalunya.


