Ideas para construir relaciones más soberanas (Parte 2)

El pasado 27 de octubre, en el marco de la FESC 2018, nuestra socia Neus Andreu impartió una charla participativa sobre la soberanía relacional y cómo construir formas de relacionarnos que sean más sostenibles, cuidadosas y conscientes. Os compartimos algunas de las ideas que ofreció. Lo hemos hecho en dos entregas: podréis encontrar en este artículo la primera y a continuación, la segunda parte.

Cómo explicábamos en la primera parte, la propuesta para construir unas relaciones más soberanas pasa por la presa de conciencia de los privilegios, tanto en las actitudes y situaciones cotidianas individuales como en las colectivas. La construcción de relaciones sostenibles y cuidadosas requiere dar el paso a una actitud soberana en una cultura donde sé que tengo privilegios y que harán daño en momentos y, por eso, estoy dispuesta a ponerme ante el otro (individual o colectivo) para pedir disculpas, escuchar, reparar y asumir responsabilidades.

Cuando tú estás dispuesta a cuestionarte tus privilegios, habrá un cambio real. La situación no será que todo siga igual (mantenga los privilegios) y además gane reconocimiento social (porque he sido “buena persona” y he dicho públicamente que soy privilegiada). Hará falta que haya cambios -y por eso tenemos miedo. Da miedo perder los privilegios o transformar el status quo. Pero la mirada no tiene que ser la de una pérdida, sino la de una ganancia. Cuando te trabajas los privilegios -de género, raciales, de clase…- acabas ganando cosas. Por ejemplo, ganas una nueva manera de relacionarte, de estar en el mundo. A escala material, quizás también pasa: pierdes capacidad material, pero consigues otros. Más coherencia interna, más democracia grupal, etc.

Esta actitud soberana nos ayudará inmensamente, a largo plazo, porque hay muchos daños no reparados que pasan de generación en generación. Si tomamos responsabilidad y cambiamos la manera en que lo abordamos, se empezarían a sanar. En el caso del género, por ejemplo, es muy común esto: hay hombres que dicen que se los pone encima cosas que no han hecho, que lo han hecho antepasados. Y es cierto, probablemente, porque hay una conducta “tuya” y una conducta amplificada del antecedente. Ahora bien, no hay problema al tomar responsabilidad por los antecedentes, por el que nos precedió. Alguien lo tiene que hacer en algún momento, el antepasado no volverá para pedir disculpas, y mientras tanto el dolor no estará sanado.

Así, seguramente habrá algunas personas -con privilegios- sí que se sentirán llamadas a trascender más allá del individual para entender una dinámica más amplia de dolor que está ciclando, que está en ciclo, y que mientras siga vigente afecta nuestras relaciones más íntimas y más privadas. Transitar a un paradigma donde nosotros sabemos que las relaciones están también intermediadas por la Historia. Y si no tienes conocimiento de la Historia, no entiendes la magnitud de la situación. Tenemos responsabilidad no por el que pasó, sino entender como impacta al presente aquello que pasó.

Por otro lado, a menudo se habla de la intencionalidad detrás actitudes, acciones, etc. Las intenciones son importantes, pero no es la única cosa. Si has hecho daño aunque no tuvieras intención, qué hagamos? Quizás puedes pedir entenderlo, que te lo expliquen, escuchar. Hace falta pues una gestión del poder, del rango, de los privilegios, desde una perspectiva mucho más global… y menos psicologizada. Esta psicologización individualista a que nos aboca el capitalismo en el marco de las relaciones es peligrosa. Para entender los privilegios y las opresiones, es inútil abordarlo con una mirada sólo psicológica de los problemas relacionales. Hay que ampliar la perspectiva y hacer también una indagación sociológica, económica, sistémica, histórica, política… que explique el contexto, los antecedentes, las posibilidades futuras, etc.

Y por eso, el universo de la gestión de conflictos es imprescindible. Para poder establecer relaciones que no estén basadas en las lógicas más capitalistas, violentas -de ganar quién tiene más bastante- es muy importante el entrenamiento en este ámbito. Es una área central en el bienestar de las personas y de los grupos, porque los conflictos son la expresión de la diversidad, de la capacidad del grupo para crecer con componentes diversos, si no hay dictadura.Que haya conflictos es una expresión de salud y democracia de un grupo, de un colectivo o de una relación. Pero a la vez pueden ser una fuente de dolor, de violencia, de mal rollo, y de ganas de meternos bajo la alfombra por siempre jamás más.

Entonces, hay que aprender sobre gestión de conflictos para dotar las relaciones de conocimiento; así, la diferencia acontece fuente de riqueza. En un conflicto el que pasa es que las partes piensan que no son nada la otra persona/colectivo, que las diferencias hacen imposible el diálogo. Los procesos de gestión de conflictos nos ayudan también a entender como [yo/nosotros] soy también [la otra persona/el otro colectivo] y viceversa, y desde aquí encontrar vías de diálogo, de puente, de entente, o de separación menos traumática.

¿Qué implica que la otra persona sea o se considere “enemiga” en el marco de un conflicto? Una es la historia individual, la de mi cultura, la de mi país, la de mi familia. Componentes traumáticos o dolorosos que hagan que en ciertos conflictos haya mucha polarización y no sea capaz de ser el otro, porque este otro (concreto o abstracto) me ha hecho mucho mal. Por eso es tan importando la reparación de daños previos, dolores que trascienden esta relación. Por ejemplo, en parejas homosexuales binarias el dolor no estaba sólo concretado en el dolor de la relación, sino que iba mucho más allá de aquel espacio-tiempo determinado.

Y esta mirada holística, no pasa sólo con las relaciones de grupos. También pasa en mi identidad, mi personalidad, mi realidad emocional… Es decir, yo tengo partes de mi individualidad que están en conflicto y no las puedo abordar sólo desde una perspectiva, sino que tiene que ser transversal la mirada con que me acerco a mis conflictos internos. Si no, repito hacia mí aquello que hago en las relaciones con las otras personas. Por ejemplo, doy más pes y más valor a un ámbito que a otro, en vez de valorar abiertamente todas las esferas -racionales y emocionales- de mi individualidad.

Para acabar, con esta visión de lo más local y más próximo, una de las últimas recomendaciones es poner la mirada cerca. Nuestra influencia y capacidad de transformación va más allá del que nos imaginamos, pero quizás también más despacio del que querríamos. Precisamente porque el contexto sistémico es complicado de cambiar, pensar muy lejos del ámbito de influencia nos saca responsabilidad y nos genera frustración. Promovería más pedir, esperar y promover estos transformación en los primeros círculos de relación, de influencia, de comunidad y de colectividad. Porque esto quizás nos dará respuestas y maneras de funcionar en otros espacios. Si empezamos por lo que tenemos a tocar, la experiencia la habremos ganado: ya lo habremos hecho en casa.

Si queréis releer la primera parte del artículo, lo podréis encontrar aquí. También podéis consultar la relatoría de las actividades de la VII FESC.

Ideas para construir relaciones más soberanas (Parte 1)