Cerramos un año lleno de aprendizajes poniendo la vida en el centro

Son fiestas, y se acerca el final de año siguiendo el calendario solar. Cada una celebra estas fechas según las propias tradiciones y motivaciones, y en función también de lo que puede o quiere hacer. Y las fiestas han llegado en un momento donde continúan la pandemia y las restricciones, donde continúa el cambio climático, donde continúan las migraciones forzadas y las muertes en el mar, donde hay crisis económica, afectaciones en la salud emocional y mental, y tantas otras crisis por nombrar.

Conscientes de todo esto, queremos nombrar la dificultad y alentar el cuidado en estos momentos, para muchas personas muy difíciles.

Las tradiciones nos recuerdan que es tiempo de juntarnos con los nuestros y las nuestras, y celebrar. Pero ¿quiénes son estas personas? ¿Y si ahora no es nuestro momento de celebrar nada?

Desde Fil a l’agulla deseamos que todo el mundo pueda encontrar durante estos días la manera de estar que le permita estar mejor. Y deseamos que cada uno u cada una pueda celebrar lo que desee con la “familia” que quiera o pueda.

Ya sea la que te ha parido, la que te ha criado, con la que has crecido o la que has conocido más tarde y te ha hecho sentir alguien importante.
Con las más de una familia que puedas tener.
Contigo, rodeada de tu familia interna, que en estos momentos te puedas dar el amor, el abrigo, el apoyo y todo lo que necesites.
Con tu red de amistades o la persona amiga.
Con el animal o animales que conviven contigo.
Con tu árbol, o aquel espacio en la naturaleza o dentro de ti que te da sentido y conexión.
Con tu comunidad de vida o de vecindad.
Con …

Y os acompañamos en el duelo, en el cambio, en la incertidumbre y la dificultad. Y también celebramos los cambios deseados que has hecho, los silencios que has roto por ser más libres y ser aún más quiénes sois y que quizás ahora se hacen más plausibles.

Para Fil a l’agulla ha sido un año con algunas bajas laborales que nos han ayudado a tomar más conciencia de la importancia de parar. Un año donde hemos estado reflexionando mucho sobre la idea de familia y familias en plural, más allá de cómo se suele entender. Un año donde nos hemos sentido más vulnerables que nunca como personas y donde seguimos aprendiendo a sentirnos así sin que se acabe el mundo, permitiendo deshacernos y ver caer todo lo que necesitamos. Un año donde también hemos dado a luz a dos nuevas criaturas, Blai y Arnau, y a muchos proyectos nuevos. Un año donde hemos sufrido los efectos de la crisis. Y un año donde también hemos crecido, incorporando nuevas personas al equipo.

También hemos seguido acompañando a muchas personas y relaciones en su desarrollo personal y emocional. Hemos vuelto a las escuelas e institutos a hacer actividades con el alumnado para fortalecer la convivencia en momentos de aislamiento y dificultad. Hemos acompañado claustros, maestras, profes, familias y educadoras, compartiendo herramientas para afrontar las crisis, los conflictos, las discriminaciones y hacer equipo. Hemos formado a muchas personas en facilitación de grupos, gestión de agresiones, incorporación de los cuidados en las organizaciones, en feminismos, en liderazgo … Hemos acompañado a comunidades de vida, cooperativas, organizaciones y colectivos, apoyando su desarrollo, a momentos de cambio, de conflicto, de tensión, de gestión de agresiones, etc. Hemos creado espacios de diálogo, de escucha, de comprensión, de toma de responsabilidad. Espacios para reconocer nuestro impacto, responsabilizarse y actuar para transformar y cambiar las cosas.

Y tenemos ganas de continuar con nuestra labor. Porque todavía es muy necesaria y porque queremos contribuir a un mundo más justo y equitativo. A un mundo que ponga en el centro la vida.

Con todo, te deseamos lo mejor.

Feliz año nuevo.

Mireia Parera, socia de Fil a l’agulla.