“A la sombra del ciruelo” | Crónica de la última jornada de socias, por Sara Carro

Viernes 09/10/2020

Después de comer queremos continuar la reunión al aire libre. Podeu anar a la prunera (podéis ir al ciruelo).

Entre su sol y su sombra disfrutamos del café y de la luz amarilla de otoño. Es la primera vez que nos vemos todas las socias desde hace meses, entre confinamiento, bajas y demás.

Como a otras organizaciones, toda esta etapa incierta nos está haciendo reconectar con lo que es importante para nosotras, con el sentido profundo de nuestro proyecto.

El arranque del nuevo curso ha venido acompañado de una ola de estrés y sobrecarga de trabajo que nos ha arrastrado a unas cuantas, y otra vez asoma ese anhelo borroso del buen vivir.

Durante estos meses coleccionamos señales que nos indican que nuestra forma de organizarnos necesita un cambio. El día de hoy lo dedicamos a acabar de descubrir qué cambios necesitamos y consensuarlos.

Tenemos el privilegio de formar parte de un proyecto que nos apasiona y con el cual podemos pagarnos sueldos a final de mes. Y es quizás por eso que nos toca ir un poco más allá. Innovar en esto que llamamos cuidados. Queremos promover vidas basadas en el buen vivir, también para nosotras. Quizás, para hacerlo posible, necesitamos arriesgar hacia cambios radicales, y confiar en que esa pared que se levanta ante nosotras y nos interpela, pero que os creéis, y de qué os quejáis, y con la que está cayendo, no es tiempo de innovar, sino de arrimar el hombro y trabajar (de esa manera), no es más que una parte del camino que sobre todo vive en nuestra imaginación.

PruneraAl acabar la jornada, casi por casualidad, miramos el significado simbólico del árbol que nos está dando cobijo. Descubrimos que los ciruelos florecen enfrentándose al frío, desafiando la nieve y la escarcha, lo cual simboliza el espíritu firme y la voluntad férrea. Representa también la nobleza y la modestia.

Para algunas culturas simboliza el cambio y la revolución.

Los ciruelos se asocian a tres bellezas: se valora más ser sinuoso que ser recto, se valora la forma peculiar más que seguir la forma estándar y se valora lo espacioso en vez de lo denso.

Hemos empezado la reunión de hoy nombrando que se vienen cambios. Y, entre risas, comentarios de si en algún momento hemos dejado de cambiar. Nos sentimos identificadas con la belleza de lo curvo, con lo sinuoso de nuestro camino. Valoramos nuestra propia manera de estar en el mundo. Necesitamos coraje para seguir más nuestros anhelos y no amoldarnos a lo estándar. Y queremos espacio. Necesitamos espacio. Para pensar, para sentir, para innovar. Para cuidarnos. Cuando el día a día se vuelve denso, se hace más difícil conectar con el cambio profundo que queremos promover. Y es que nos sentimos guiadas por la intuición de que, como canta Hildegarda de Bingen, todos nosotros somos una flor que el aliento invernal de la serpiente no puede marchitar.

 

Sara Carro, socia de Fil a l’agulla