Tres herramientas de prevención de las agresiones machistas entre menores - Fil a l'agulla

Tres herramientas de prevención de las agresiones machistas entre menores

Artículo escrito por nuestra compañera Anna Galí y publicado originalmente en la revisitga digital Social.cat.

Gestionar agresiones machistas entre menores cuando el nivel de la agresión es grave o muy grave, es complejo. Desde la mirada de la intervención que proponemos desde Fil a l’Agulla, es necesario que hagamos un cambio de mirada hacia la víctima para devolverle la agencia y que este proceso sirva para que tanto ella como el grupo en el que forma parte estén mejor. También es necesario un cambio de mirada hacia las personas que duelen, lo que implica poder acompañarlas a reconocer los hechos y los daños, a estar abiertas a reparar y garantizar la no repetición. Debemos hacer igualmente un cambio de mirada hacia la comunidad, como otro agente a reparar, y que tiene responsabilidad del daño en tanto que ha permitido que esto ocurriera. Finalmente, es necesario que cambiemos la mirada en relación con las causas, es decir, dejar de verlo como un conflicto individual entre dos personas y actuar desde el convencimiento de que es fruto de una dinámica de discriminación social: el machismo.

El año pasado, desde Fil a l’Agulla, publicamos un manual de gestión de agresiones machistas en las organizaciones, con la colaboración de la Diputación de Barcelona. Este año, gracias también al apoyo de la Diputación de Barcelona, nos hemos puesto el reto de adaptarlo, reflexionando sobre cómo nuestro método puede ser de aplicación cuando las agresiones machistas se dan entre menores de edad. ¿Utilizamos las mismas estrategias? ¿Lo trataríamos de la misma manera? ¿Cuál es el rol de las familias? ¿Cuál es el rol de las educadoras, cuando esto ocurre en espacios de educación no formal? ¿De qué forma las adultas que gestionamos estos casos podemos aparcar nuestras experiencias sin proyectarlas en los menores, a la vez que utilizarlas cuando resulten útiles? ¿Es posible la reparación y transformación social que deseamos, desde un punto de vista que no pasa por el castigo y que promueve una intervención educativa?

Próximamente, publicaremos la adaptación del manual a nuestra página web. Sin embargo, no es necesario esperar a encontrarnos con una situación grave para poner más conciencia al respecto. De hecho, no es deseable. Es importante tener el foco puesto en la prevención.

Hace años, si no décadas, que muchas de nosotras trabajamos en este sentido, formando y sensibilizando en torno a las violencias machistas. En este artículo, queremos proponer algunas herramientas más:

●El posicionamiento: Hacer un ejercicio consciente como educadoras y entidades de parar y pensar sobre cuál es nuestro sueño respecto al grupo en relación al machismo y qué medidas tomaremos activamente para asegurar que el clima que se respira dentro del grupo es lo que deseamos, no sólo con actividades planificadas, sino también en la parte informal de la actividad que llevamos a cabo, y cómo lo explicaremos en el grupo y en sus familias.

● Combatir el negacionismo: En la misma línea, debemos tener espacios donde reconocer nuestras dudas sobre las agresiones machistas y microagresiones que se dan en nuestros contextos. Combatir el pensamiento de que esto dentro de nuestra entidad no ocurre, o que cuando ocurre, son cosas de niños. Dar espacio a la creencia de que esto no es tan grave, porque ésta es una reacción habitual que tenemos las personas. Esto implica desgranar los sistemas de creencias que tenemos que nos llevan a ser negacionistas: a veces, por la relación que tenemos con los agresores, por nuestra forma de entender el mundo, debido a nuestras experiencias propias que nos llevan a tener que aceptar que, si esto es una agresión, nosotros también hemos sido agredidas o agresores, etc.

● Atender a las microagresiones: Cuando aceptamos que el machismo forma parte de nuestras organizaciones, somos más capaces de detectarlo. Cuando desde Fil a l’agulla hablamos de cultura de no impunidad, nos referimos a una cultura donde las personas sabemos escuchar los impactos y tomar responsabilidad por nuestros actos. Por otra parte, el reto con las microagresiones es que, dado que a menudo son invisibles y normalizadas, no somos conscientes del impacto que tienen. Por tanto, nosotros proponemos visibilizarlas y problematizarlas en el momento que las detectamos, y hacer espacio para que tanto la persona ofensora, como las personas afectadas, como todo el grupo, pueda tomar conciencia de los daños que esto ocasiona y no se repita más. En este sentido, insistimos en la importancia de generar espacios de cuidados en los que gestionar los conflictos que sean parte de la dinámica habitual del grupo.