La mirada restaurativa en primera persona | Un relato de Mireia Alegre - Fil a l'agulla

La mirada restaurativa en primera persona | Un relato de Mireia Alegre

En septiembre impartimos el seminario de Mirada restaurativa en el mundo educativo, y quedamos sorprendidas (y muy agradecidas) de la buena acogida que tuvo la propuesta. Una de las asistentes, Mireia Alegre Sala, nos ha querido compartir cómo ha podido llevar a la práctica la mirada restaurativa a su aula. Nos ha emocionado leer su relato. Gracias, Mireia, por tu testigo y por la valentía de querer transformar transformándote.

por Mireia Alegre Sala

A menudo tengo la sensación que la visión negativa del conflicto y la violencia que opera entre las jóvenes hace más ruido que las dinámicas de cuidados entre adolescentes.

Se supone que el profesorado, con más recorrido y experiencia, tiene que acompañar las jóvenes al adquirir herramientas de cohesión y trabajo cooperativo. Pero, ¿sabemos realmente cómo afrontar el conflicto de una manera creativa y positiva? Sabemos poner el foco en el cuidado de grupo y el personal?

Con estas preguntas en mente y casi por casualidad, tropecé con el seminario “La mirada restaurativa en el mundo educativo” de Fil a l’agulla

11 horas de luz y conocimiento que pretenden poner en evidencia la importancia de observar y acompañar la persona agredida, pero también a la agresora para entender la raíz de aquel comportamiento violento como parte inevitable del inicio de la restauración del conflicto.

A pesar de la brevedad del seminario, unos días más tarde me envalentoné a tener una conversación restaurativa con un alumno:

 – Antes has hecho un comentario de MA que a mí me ha impactado. ¿Sabes de qué comentario hablo?

– Sí, he dicho que estaría bien saber cómo eliminar la grasa del cuerpo, así MA no estaría tan gordo.

– ¿Y en qué estabas pensando cuando lo has dicho?

– No sé… En nada…

– ¿Crees que puede haberle afectado a MA? ¿Cómo?

– No creo, somos amigos.

– Quizás no lo estabas mirando, pero me he fijado que cuando se lo has dicho, él ha bajado la mirada y el resto de la clase lo ha mirado.

– ¿Ah, sí? Pues voy a pedirle perdón.

Y de pronto… ¡Magia! Uno de los alumnos más hostiles hacia el resto de alumnado accedía por propia voluntad a ir a hablar con la persona agredida.

Quizás la magia de todo está a cambiar nuestra mirada, en no tener miedo del conflicto, sino al verlo como una oportunidad de cambio y aprendizaje; porque el conflicto siempre estará. No nos empecinamos a eliminarlo de nuestras aulas, convirtámoslo en herramienta de transformación.