Forzadas a ser comunidad. Reflexiones que nos llevan al aprendizaje

La situación que estamos viviendo estos días con la crisis del coronavirus nos obliga a mirarnos las unas a las otras como humanas interdependientes y vulnerables. Se hace más evidente que nunca que nos necesitamos para existir, para alimentarnos, para vivir con salud, para cuidarnos, para amarnos. Esto siempre es así, pero en nuestro día a día es más fácil olvidarlo y preocuparnos sólo de “nuestras cosas”.

La crisis del Covid-19 que estamos viviendo pone en crisis los valores y mecanismos habituales de nuestra cultura: el individualismo, el productivismo del “hacer siempre más y más”, vivir a ritmos frenéticos y estresantes, marginar las emociones, la desconexión de la naturaleza y de los ciclos de vida y muerte, etc. Podríamos decir que como sociedad estamos fuera de la zona de confort y esto puede generar sufrimiento, tensión, incomodidad, angustia, miedos, pensamientos en “bucle” … Si te sientes así, ocupar tu mente en estas reflexiones puede ser de ayuda y recuerda que puedes buscar apoyo si lo necesitas.

Asimismo, esta forma de estar en el mundo que estamos experimentando estos días nos coloca en la situación de tener que corresponsabilizarnos por el bienestar de todas, vivir con más tiempo y menos estrés, con más silencios y espacios de reflexión , dando espacio a las emociones: miedo, inseguridad, amor, ser más conscientes de la dependencia de la humanidad hacia la tierra (alimentación, agua, luz, calor, etc.), ocuparnos más de atender la vida, los cuidados y las necesidades básicas y abordar el tabú de la muerte y la fragilidad humana. Todo esto tiene mucho que ver con el cambio de cultura que desde Fil a l’agulla promovemos en los acompañamientos que hacemos en escuelas, organizaciones, equipos de trabajo, relaciones y personas. Aunque son tiempos difíciles, también son tiempos de oportunidades y de aprendizajes.

¿Cuál es la resiliencia personal y colectiva que se está despertando estos días? ¿Qué podemos aprender de todo esto?

– Cuidados: el arte de estar dentro y fuera. En estos momentos nuestra supervivencia como personas, familias, comunidades y sociedad depende de que cada uno sepa cuidarse de sí mismo y de los demás: ¿Que estoy aprendiendo de ello estos días? ¿A quién cuido yo? ¿Cómo? ¿Están repartidas equitativamente las tareas de cuidado a mi alrededor? ¿Como podría incorporar estos aprendizajes en mi día a día en un futuro? Si tengo trabajadores/as de limpieza, canguro, cuidados, jardinería, ¿cómo cuido su salud y su sueldo? Es importante seguir pagándoles, dentro de lo posible, aunque no vengan, especialmente si tienen una economía vulnerable.

– Una comunidad funciona cuando todo el mundo pertenece y cada uno tiene un lugar. Está siendo clave estos días que cada uno ocupe su lugar y lo haga con responsabilidad: el personal de salud atienda a las personas, los políticos tomen las decisiones adecuadas y doten al sistema público de salud como es debido, las empresas cuiden de sus trabajadores y trabajadoras, los padres y madres cuiden de los hijos, todo el mundo cuide de las personas mayores, etc. Son días donde puede ser más fácil valorar el rol de cada uno: el vendedor de pan o comestibles, quien recoge la basura, las periodistas, las escuelas y son días donde hacernos cargo de las personas en los márgenes, tal como están haciendo diversas redes de apoyo.

– Cultura del aprecio: ¿Qué quiero agradecer? Con los cambios que han sufrido nuestras vidas es posible que echamos de menos cosas y notamos la suerte que tenemos en el día a día, haz una lista de todo lo que puedes agradecer y saboréalo. Son días donde las ausencias hablan: ¿Qué ocurre cuando ciertos roles sociales desaparecen? ¿Qué pasa cuando cierran las escuelas? ¿Quién y cómo se gestiona el vacío que dejan? Para la tarea que hacemos en Fil a l’agulla en las escuelas sabemos que a menudo las maestras, las monitoras de las escuelas se sienten cuestionadas, poco valoradas. Pregúntate: hay algo que quieras agradecer a la escuela de tu hijo/a? ¿A su maestra, monitora?

– Vivir desde el corazón. Los momentos difíciles y los momentos de detenerse y reflexionar aportan luz sobre aquellas cosas que realmente nos importan. Podemos aprovechar estos días para sentir, pensar: ¿Cuáles son las personas importantes para mí? ¿Saben ellas que lo son? ¿Me gustaría decirles algo que todavía no he dicho? ¿Estoy donde quiero estar? ¿Me siento en mi sitio y en mi camino? ¿Cuál es mi regalo para el mundo, para la comunidad? ¿Lo estoy aportando estos días? ¿Y en general?

– El contacto humano. Estos días que tenemos que estar a 1 y 2 metros de distancia, que recomiendan no tocarnos, no besarnos, puede ser duro para algunas personas. Para otros puede ser una liberación de las normas sociales “da la mano”, “da dos besos”, etc. En cualquiera de los casos es una oportunidad para notar: ¿Tengo el contacto que quiero tener en la vida? ¿Qué valor tiene para mí un abrazo, un beso? ¿Qué contactos añoro? ¿Como quiero que los demás contacten físicamente conmigo? ¿Qué relación tengo con mi cuerpo?

– El valor de la vejez. Estos días, cuando sufrimos por su desaparición, se les devuelve a las personas mayores el valor que la vida productiva les ha quitado: la experiencia acumulada, la sabiduría, la historia. Algunas de nosotras estamos conectando estos días con el miedo a perder a las personas mayores que queremos y la necesidad de cuidar de los ancianos en general: ¿Hay algo que quieras aprender de tus abuelos, madres, padres? ¿Tienes ganas de escuchar sus historias? ¿Sabes si se sienten solas? ¿Si quieren compañía? Llama-las, escucha-las, disfruta del tiempo con ellas.

– Tiempo más pausados, silencios y espacios de reflexión. Tener que estar más quietas, más en casa, con más silencio interno y dedicando más tiempo a la familia es una oportunidad para conocer más a nosotros y a las personas que tenemos cerca. Esta práctica es una manera de querer muy importante y un estilo de vida más saludable (nos permite cocinarlo, comer más despacio, tener menos estrés, etc.) si encontramos la manera de hacer ejercicio físico y tomar el sol igualmente. Puede que tengamos conversaciones más profundas con nosotros mismos y los demás, aprovéchalo. ¿Qué estoy descubriendo de mí misma? ¿Me estoy dando cuenta de heridas, miedos… que en el día a día no noto? ¿Qué quiero hacer? ¿Estoy descubriendo cosas nuevas de mi hijo, mi compañera, mis amistades? Tanto el hecho de profundizar en las relaciones como de vivir más pausadamente puede tener efectos muy beneficiosos para nuestra salud emocional y física.

– Mi poder personal, mis recursos y la creatividad. Ahora es un buen momento para recordar cuáles son mis recursos personales, agradecer el camino hecho y conectar con lo que me ayuda a confiar en la vida: ¿Como he sobrevivido hasta el día de hoy? ¿Qué me ha dado fuerza? ¿Qué me conecta a la vida? ¿Qué estrategias he puesto en práctica? ¿Cuáles son mis fortalezas? ¿Sé pedir ayuda? ¿Necesito ayuda estos días? ¿Cuál? ¿Qué ventajas, privilegios y recursos materiales tengo? ¿Cómo todo esto me puede ayudar en esta situación? ¿Cómo puede ayudar a otras personas? En este sentido es muy útil dejar tiempo y espacio para la creatividad y dejarnos sorprender.

– La relación con la Tierra y la salud. El Dr. Xavier Uriarte en un vídeo sobre el coronavirus hace referencia a la relación entre contaminación y propagación de virus y enfermedades. ¿Cómo podemos como humanidad tener una relación más sana con la Tierra? ¿Cómo podemos recordar que dependemos y que la tenemos que cuidar? Estos días, aunque estés confinada en un piso, ponte al sol en una ventana o balcón, míralo, siente el aire cuando lo respiras, riega las plantas, agradece los alimentos, transpórtate con la imaginación donde quieras ir …¿Quizás la situación actual nos está llevando respuestas? De manera indirecta tenemos aires más limpios (al reducirse la presencia de vehículos), más conciencia sobre los medios de transporte que usamos, cómo, cuándo y para qué los usamos, más consumo km 0, se recomienda consumir producto fresco y el trabajo de la agricultura y la ganadería toma más protagonismo.

Así pues, desde Fil a l’agulla te invitamos a aprovechar estos días para conectar con tu ser profundo, conectar con nuestra comunidad, con las personas que queremos, con la naturaleza, con nuestros propósitos de vida, nuestras alegrías e ilusiones. Todo esto es curativo, nos ayuda a crecer y nos fortalece como personas y comunidades.

Este artículo ha sido posible en parte a las reflexiones compartidas con varias personas, a la lumbre y por zoom. ¡Gracias!

 

Laura Marbiol. Educadora social, facilitadora y socia de Fil a l’agulla