Gestión de conflictos y poder, ¿cómo abordarlo?

Nuestra socia Núria Mateu escribe un artículo en Xarxanet.org sobre gestión de conflictos y poder. En el texto habla sobre qué nos asusta tanto de los conflictos, la dificultad de ver el poder propio y la necesidad de tener presentes las emociones.  

Una de las cosas que constato cuando imparto un curso sobre conflictos es que ante la palabra conflicto a menudo las personas tenemos ganas que estos no existan. Esto es porque, a raíz de las experiencias que hemos vivido, a menudo nos vienen al ninguna imágenes de violencia, sensaciones de miedo (que nos hagan daño, que las relaciones se malogren, que se vaya a pique la entidad…), y finalmente, un sentimiento que esto no tendría que estar pasando y si pasa es porque algo hemos hecho mal.

Pero, a pesar de que a veces lo deseamos con todas nuestras fuerzas, los conflictos no dejarán de existir. Lo mejor que podemos hacer para minimizar el peligro y el riesgo de hacernos daño es plantearnos la posibilidad de hacernos amigas del conflicto. Es más, si los podemos mirar desde otro punto de vista y verlos como una oportunidad, son la vía más rápida de aprender más sobre nosotros y crecer como entidad.

¿Y cómo lo podemos hacer? Fomentando las habilidades necesarias para gestionarlos, y esto quiere decir también gestionar las emociones y el poder.

En relación con la gestión emocional, justo es decir que es algo que tradicionalmente no hemos priorizado mucho a las entidades. Aún así, en los últimos tiempos esto ha empezado a cambiar: cada vez más se están creando comisiones de curas, se hacen asambleas emocionales o se guardan espacios en las reuniones para preguntarse “cómo estamos?”.

En cuanto al poder, muchas veces cuando entramos en conflicto con alguien perdemos el contacto con el poder propio, proyectándolo en la otra persona. Otras veces no tener conciencia del poder que tenemos nos hace no ver el otro y a hacerle daño sin ni siquiera notarlo. En cualquier caso, el otro acontece más otro, y yo más yo, creando dos identidades separadas y alejadas entre ellas, con dificultades para escucharnos y ver que la otra también zoco yo.

¿Y qué hacemos pues con el poder? El poder es algo que todo el mundo tiene, es la capacidad que tenemos de incidir en nuestro entorno. Tiene una dimensión personal (lo podemos desarrollar a lo largo de nuestra vida, y es una fuente inagotable) y una dimensión sociopolítica, es decir, que nos viene dado (por ejemplo, por la clase social, por nuestro origen, el género, la orientación sexual, etc.) y tiene que ver con qué cosas están más valoradas en la sociedad en que vivimos. Así, el poder está relacionado con los privilegios. Y una cuestión importante en todo esto es que a menudo no somos conscientes de los privilegios que tenemos y del poder que nos confieren. Es entonces cuando podemos hacer un mal uso. Por eso, cuando hablamos de gestionar conflictos también es importante tener en cuenta este aspecto.

Dicho esto, el que os proponemos son una serie de preguntas y reflexiones alrededor de estos temas. ¿Qué opinión tengo de los conflictos? ¿Cómo los gestionamos a nuestra entidad? ¿Las emociones, tienen cabida? ¿Qué lugar ocupo a mi entidad? ¿Qué relación tengo con el poder?