Evaluaciones: ¿cómo nos ayudan a seguir transformando el mundo educativo?

Nuestra compañera Noemí Canelles ha publicado un article a El Diari de l’Educació, un medio especializado en el Mundo Educativo. Después de unos años haciendo evaluaciones de algunos de los proyectos de Fil a l’agulla en centros educativos, al artículo nos preguntamos qué hemos aprendido, para que nos han servido y como queremos seguir profundizando en esta herramienta de feedback. Podéis leer un fragmento del texto a continuación.

El inicio del modelo de evaluaciones de Fil a l’agulla se encuentra a un proyecto iniciado el 2014 donde trabajábamos las relaciones entre adolescentes y figuras de autoridad – profesorado y policías- para superar los estereotipos y empoderar los colectivos de jóvenes. En aquel proyecto empezamos a sentir una tensión que se ha mantenido a lo largo de los años: ¿utilizamos herramientas ya creadas por otros equipos de investigación y que nos permitan comparar resultados en el marco académico actual? ¿O desarrollamos una manera propia de evaluar que tenga en cuenta la metodología de Fil, vinculada a la Psicología Orientada a Procesos, y el sentido que tiene la intervención para nosotras? Las dos perspectivas tienen su atractivo y sus complicaciones.

Utilizar modelos y aperos de evaluación estandarizadas tiene la ventaja de habla un lenguaje común con el mundo académico, de poder comparar nuestros resultados con los obtenidos por otros equipos y mesurar el impacto según criterios más amplios. Pero también presenta algunos problemas. Para empezar, el complicado estatus de la evaluación desde las ciencias sociales, que siguen debatiendo si se tiene que equiparar a la evaluación de las ciencias naturales –con grupo control y análisis cuantitativo de la relación “causa-efecto”– o si es posible dar cuenta de procesos sociales otras maneras. Desde los proyectos de Fil a l’agulla, determinar si se han producido cambios significativos con criterios cuantitativos, que es el que al final parece más valorado en el mundo académico, se queda corto en relación a lo que queremos recoger con las evaluaciones.

Por el contrario, profundizar en una manera de evaluar propia nos permite valorar otros aspectos que a menudo quedan fuera de las evaluaciones y que tienen que ver con el marco teórico y metodológico. Por ejemplo, a menudo queremos saber si un colectivo se ha hecho consciente de una situación concreta. La respuesta nos permite comprender mejor nuestro trabajo y el significado que tiene por las personas que participan de los proyectos. Pero, si los resultados de nuestras evaluaciones no pueden entrar en diálogo con otras evaluaciones, nos perdemos la posibilidad de profundizar en los mecanismos de transformación social a una escala más amplia. A lo largo de los años no hemos encontrado una solución definitiva por esta tensión, pero el tráfico entre ambos pulso nos ha posibilitado aprender más sobre el sentido último de la evaluación en nuestros proyectos.

Para leer el artículo completo, clicad en el enlace y accederéis a la publicación en El Diari de l’Educació.