Comunidad y colectividad para acabar con el bullying

Hoy es el día internacional contra el acoso escolar. Hace años que desde la cooperativa trabajamos en el mundo educativo para acompañar al profesorado en su tarea de hacer frente al bullying. Estamos convencidas que solo podremos conseguirlo con la corresponsabilidad de toda la comunidad escolar.  Nuestra socia Lidia Casanovas es una de las compañeras que llevan a cabo esta tarea y ente explica algunas ideas. 

“Para conseguir acabar con el acoso escolar, necesitamos hacerlo como sociedad. Necesitamos institutos y escuelas donde se fomente la cooperación en vez de la competición. Necesitamos espacios de encuentro de la comunidad educativa; es decir, del profesorado, de las familias, los equipos de monitorización o de extraescolares, del alumnado… Se tiene que apostar por la formación a maestras, con acompañamiento o supervisión. Hacen falta espacios relacionados con la puesta en valor de las emociones, las curas, la gestión de conflictos… Hay que crear redes y conocimiento entre todo el mundo quien forma parte de esta comunidad.

Hace tiempo que me dedico a acompañar niños, familias y profesorado en el camino de prevenir, detectar y parar el acoso escolar. Desde Fil a l’agulla damos aperos y formación en coeducación, a la vez que abordamos la prevención y la atención a todo tipo de discriminaciones que se den en el día a día de los centros escolares. Hay que seguir tomando conciencia de cómo normalizamos conductas violentas. Cómo reproducimos conductas que dirigen a violencias de baja o alta intensidad en los grupos, sea dentro o fuera de las aulas. Esto es el que nos encontramos continuamente en las escuelas y en los institutos. Es el caldo de cultivo perfecto para que después se den situaciones de bullyingNecesitamos la colectividad, la comunidad, todo el mundo quien forma parte del centro escolar. Necesitamos romper la ley del silencio: el acoso escolar es una responsabilidad compartida, de todo el mundo.

Son necesarios espacios donde poder hablar de cómo estamos y que la información fluya desde múltiples direcciones. Donde se valore la diversidad de maneras de ser, de estar, de sentir y de formar parte. No olvidamos que cualquier niño, cualquier adolescente, necesita sentir que se lo o se la voz. Tiene que sentir que pertenece, que recibirá protección y aprecio. No olvidamos que cualquier persona podemos ocupar cualquier de los roles del sistema de acoso escolar: víctima, victimario o cómplice-testigo. Y que, a menudo, ¿quién hace bullying? Pues nuestros hijos, nuestras hijas, aquellas personitas que queremos tanto y que pensamos que nunca lo harían. Pero hay que tomar conciencia: todo el mundo tenemos capacidad para ocupar cualquier de los roles. Por eso, porque nos afecta directamente o indirectamente, el acoso escolar es algo que nos tiene que preocupar a todo el mundo y es responsabilidad colectiva desmontarlo.

Valgan estas líneas escritas para reconocer el trabajo diario, de hormiguita incansable, de todas aquellas familias, maestras, educadoras y docentes que día a día con sus pequeñas-grandes acciones ayudan a desmantelar las creencias y los estereotipos del racismo, del machismo, de la LGBTIQfobia, etc. en nuestros centros escolares. Como por ejemplo el ejemplo que os compartimos a la fotografía que encabeza el artículo: una sesión con la comunidad escolar que hicimos el lunes 29 de abril a la escuela Acàcies, del barrio barcelonés del Poblenou. Gracias a acciones como esta, despacio, entre todo el mundo conseguiremos que los centros educativos sean espacios donde niños y adolescentes sean más libras para ser quién son.