¿Podemos cohabitar con afinidad y diversidad?

Os hemos explicado en varias ocasiones que somos parte de un proyecto alentador para promover la covivienda: Perviure. Hoy nuestra socia Mireia Parera y la compañera de aventura Verónica Ramilo escriben a cuatro manso un artículo sobre la afinidad y la diversidad a las comunidades, uno de los temas abordados en el ciclo de talleres “Retos de la covivienda”. Qué necesitamos para poder cohabitar plegadas?

Imagínate tu proyecto ideal de covivienda. ¿Cómo sería, dónde, con cuántas unidades de convivencia, con qué personas, qué tipos de espacios comunes…? Así empezábamos la charla del pasado 4 de diciembre en la Lleialtat Santsenca en torno al tema “¿Podemos cohabitar con afinidad y diversidad?”.

Después de un ciclo de charlas organizadas por Celobert y Perviure sobre el covivienda, tocaba el turno de habla sobre la convivencia y sobre con quien queremos vivir. Esto se entronca con la importancia de tener una visión común clara, consensuada y compartida por todo el grupo. Saber muy bien cuál es la finalidad de nuestro proyecto de vida en común y qué necesidades queremos que atienda, facilitará saber quién está en sintonía con el proyecto para poder entrar o no. Y por tanto, qué margen de diversidad incluimos y qué no. A veces no es o no parece posible atender todas las necesidades porque pueden ser incompatibles.

Una mujer explicaba que en su proyecto exclusivo para personas sénior, una familia con un adolescente había pedido entrar y que estaban en el proceso de conocer a la familia para saber más si esto podía ser una incompatibilidad o no. Algunas personas mayores expresaron la necesidad de un espacio exclusivo para ellas, porque así se pueden atender mejor sus necesidades, sin que esto suponga un peso -sobre todo económico, relacionado con servicios externos de cuidados- para otras personas que no necesitanlo mismo por el momento de la vida en que se encuentran. En cambio otra persona mayor decía que se decantaba por un proyecto intergeneracional con la idea que todas las personas puedan darse apoyo mutuo. Y una persona joven decía que, si ella tuviera recursos económicos, estaría dispuesta a hacerse cargo de los gastos de cuidados de otros que lo necesiten. Algunas participantes planteaban, pues, la posibilidad de tener en cuenta las diferencias económicas para apoyar a la diversidad en el grupo, y cómo esto enriquecía también un proyecto de convivencia.

Otros compartieron recursos propios o de proyectos ajenos, muy útiles por el resto. Por ejemplo, las asambleas emocionales, o “la rueda del bienestar” donde cada mes te encargas de tener cuidado de una compañera, observando y estando pendiente de si está bueno o detectando si necesita algo, y al mes siguiente cambias de persona. Es una manera de conocer mejor a las personas con quienes convives, algo importando por la cohesión grupal y la comprensión del otro.

Y así fueron saliendo las diferencias en relación a las necesidades, a los intereses, al que cada cual quiere, a la economía… Enriqueciendo el debate sobre qué características y qué valores volamos para cohabitar, qué recursos podemos incorporar y qué ideas podemos incluir a nuestra vida más allá de si finalmente se lleva a cabo un proyecto de covivienda.