Círculos de palabra y discriminación en las escuelas

Uno de los ámbitos donde hagamos mucho trabajo es el mundo educativo. Pasamos por muchas escuelas e institutos a lo largo del curso. En algunas vamos sólo un día, otros hacemos trabajo intensivo durante meses. Trabajamos para promover la coeducación y para prevenir todo tipo de discriminación. En las escuelas aplicamos herramientas de facilitación de grupos, como los círculos de palabra. Lídia Casanovas, socia de la cooperativa, nos explica una de las experiencias que vive en estos centros educativos. 

Llegamos a la escuela, son 8:49 de un viernes. La maestra cuando nos recibe nos dice que vuelve a estar igual la dinámica. Después de hacer un primer taller que ayudó para conocer el grupo y mapear las relaciones que existen, no ve que nada haya cambiado. Ha recibido quejas de la madre de un niño y de la psicóloga de este, reforzando este mensaje. Está preocupada porque intuye que son cosas que pasan en el patio o al comedor y que están fuera de su margen de detección. Que no sabe que más hacer. Escuchamos la preocupación , el interés y todo el trabajo que está haciendo la maestra para hacer que el grupo esté bien. Empezamos el taller preguntando qué acuerdan de la otra sesión. Unas y otros van compartiendo qué hicimos y cuando preguntamos si notan cambios, la mayoría dice que no, que todo sigue igual.

La dinámica siguiente es un ejercicio con un caso hipotético, donde un grupito se ríe y se mete con un compañero, mientras el resto de alumnado que lo presencia tiene que colocarse en el espacio que más resuene con cómo se sienten. Hay esquinas por los diferentes sentimientos ante esta situación. La mayoría de los niños se sitúa a la esquina de quien querría hacer una cosa diferente respete qué está pasando: este grupo numeroso expresa que pedirían ayuda a la maestra, por ejemplo. En otra esquina se sitúan tres niños, un grupito que no se relaciona tanto normalmente con el grupo grande y viceversa. Estos dicen que no harían nada, ante esta situación, porque no tienen muchos amigos en la clase.

A la última esquina, donde sólo hay dos niños, está D. Él expresa que cuando ve que alguien lo pasa mal hace algo para ayudar y que también le gusta que lo ayuden a él. Le preguntamos si esta escena es algo que él ha vivido. Dice que sí. Este momento es muy significativo en la dinámica,porque de repente otro niño se cambia de esquina. E. se mueve de lugar y lo siguen dos niños más. Expresa que él se tiene que poner a la esquina que le toca, que es aquella de quien a veces insulta, se ríe de la gente o se hace el chulo. Es cuando los otros hablan de que “van de jefes”, y que se los gusta sentir el poder. Es un momento muy interesante, notamos la emoción y la tensión en el ambiente. 

Después de esto hay muchas personas que tienen ganas de hablar. Invitamos a hacer un círculo de palabra expresando como se sienten con esta dinámica que hemos hecho. Explicamos las pautas del ritual, también hablamos desde un lugar más personal. D. vuelve a hablar: dice que él se siendo más bien contento en la clase y que, a veces, le hacen cosas a él. Después, habla otro niño con lágrimas a los ojos. Es M., dice que ahora mismo se está dando cuenta de verdad que le ha sido haciendo muy mal a D. Lo acompañamos porque pueda ser más claro y pueda expresar qué es que le hace sentir mal y que puede hacer para reparar la situación. Con la facilitación, M. explica que no lo quiere volver a hacer y que se da cuenta que para hacerse el chulo a veces se metía con D. A la vez, D. aprovecha para decir que no le gusta que cuando juega con las niñas haya niños que se burlen, diciendo cosas como que “son novios”. El grupo el boy escout.

Después de M. hablan dos niños más, que piden también perdón por haberse metido con él. Uno dice que le sabe mucho grave “haberlo apartado del grupito y haber pasado de él”. Es el turno de @E., ahora habla diciendo que antes era un buen niño, que cuando hacía segundo ayudaba a los otros y que sabe que este quinto curso no lo está haciendo bien. “De aquí poco iré a la ESO y no quiero ser uno de estos que hacen daño. A pesar de que quizás allá recibiré yo y me lo pasaré mal”, explica. 

Le preguntamos a D. cómo se siendo. Él dice “estoy flipando, no sabía que se los podía importar a los otros de este modo”. A continuación, espontáneamente, un niño se levanta y abraza a D. Después lo hace otro más. Seguimos con la ronda, algunas niñas también se piden perdón entre ellas por cuando se han peleado. Y llegamos a M., que habla de como la vida pasa muy rápida y lo tenemos que aprovechar.

Después habla la L. y explota con lágrimas diciendo que muchas veces le dicen “niña desnutrida” y que esto no le gusta. Acompañamos este momento, facilitamos porque las niños y las niñas miren el dolor que esto provoca y pedimos que no se vuelva a repetir este insulto. Seguida de ella, un otra niña dice que no quiere más motes, que no quiere que le digan “pincho-palo” y que no se metan con su físico. También le apoyamos y vemos como algunas personas del grupo, del círculo, se emocionan. Es sorprendente la valentía y el coraje con que hablan estas niñas. 

Cerramos el círculo de palabra y la recomendación es que puedan hacer aquello que necesiten ahora, después de estos momentos intensos. Las adultas nos quedamos mirando el grupo, nosotros dos y la tutora. Vemos como D. y E. se abrazan y se funden entre lágrimas. El grupo de niños hace piña. El grupito de niñas se apoya, algunas se hacen bromas y otras se quedan charlando. Algo por unos instantes ha cambiado en el ambiente de este grupo. Por hoy lo dejamos aquí. Hemos quedado que nos escribiremos con la tutora del grupo para #ver como evoluciona todo ello. Volveremos a entrar a la escuela en unos días. Seguiremos con nuestra tarea de intentar mejorar las relaciones, dentro y fuera de los centros educativos. A mirar de cara la discriminación que ejercen y sufren.