Prácticas restaurativas en mi aula, testimonio de una maestra

Nos llega este testimonio de una maestra que nos comparte una experiencia muy emocionante. Habla de los aprendizajes y experiencias vividas a raíz de un proyecto de apoyo a la convivencia, financiado por el Ayuntamiento de Catellbisbal, que hemos estado desarrollando en su centro educativo. ¡Gracias por dar tanto de sentido a nuestro trabajo! 

“Como ya te comenté, mi grupo se lleva bien, son niños y niñas bastante empáticos y creo que emocionalmente muy sanos (si se puede decir así) y esto hace que fuerzas conflictos ellas solas los resuelvan hablante. No obstante, hay dos alumnos que no están del todo bien y era y es necesario estar y hacer algo al respecto. Uno de los niños ha sido el pequeño de la familia durante ocho años y ahora ha tenido una nueva hermanita que, además tiene necesidades médicas importantes. Este hecho le hacía estar enfadado con el mundo, con los compañeros, con las maestras… y creía que todo el mundo estaba en su contra.

Después de haber hecho uno de los encuentros contigo, empezamos a hacer círculos de palabra para iniciar o finalizar la semana; en éstos les preguntaba como llegaban los lunes o cómo se iban el viernes. A veces sus respuestas me sorprendían y me hacían más consciente de cómo les afecta todo aquello que vivimos en la escuela.

Un día que este alumno tuvo un comportamiento muy desafortunado, decidí que teníamos que hablar todos, puesto que bastantes alumnos habían sentido miedo a raíz de la reacción de este compañero. En el círculo, les pregunté como se sentían y casi todos compartieron sus vivencias. Una de las cosas que más me gusta de los círculos de palabra es la oportunidad que nos damos de no decir nada si no queremos, cosa que en muchas otras situaciones diarias no se puede hacer.

A raíz de lo que iban diciendo, una alumna comentó que creía que sabía el motivo por el cual este compañero estaba así. Antes de seguir con el círculo consideré oportuna hablar con esta niña y el niño para saber si él quería que se explicara o él quería explicarlo. Al niño le pareció muy bien que ella lo explicara porque él no podía hacerlo. Después de este círculo, donde todos entendieron un poco más a su compañero, las relaciones entre ellos, la manera de enfocar las posibles desavenencias empezó a cambiar y, la posibilidad que este alumno viniera de colonias hizo que él formase parte del grupo, y no solo esté en el mismo espacio y, que él vea un apoyo por parte de sus compañeros, así como saber que lo entienden.

La otra niña llegó a segundo curso procedente de otra escuela del municipio puesto que allá sufría bullying. El grupo la acogió muy bien desde el principio, pero tanto la tutora del curso pasado como yo veíamos que no era una integración total; que no le hacían nada para hacerle daño, pero no la sentían parte del grupo.

Antes de conoceros y de aprender lo que nos habéis transmitido desde Fil a l’agulla, siempre había pensado que las personas tenemos que hablar y tenemos que poder decir cómo nos sentimos y, he intentado transmitir esto a mis alumnos, así que ante situaciones que iban sucediendo, hacíamos en su momento asambleas, más tarde círculos de palabras. En algunos de estos círculos simplemente hemos hablado de los súper poderes que nos gustaría tener, hemos compartido intereses o miedos,… también hemos jugado al juego de los paquetes y, esto ha permitido que viéramos a esta niña con otros ojos; ellos la veían extraña, diferente y no lo entendían y, creo que ella tampoco los acababa de ver -cuando lo has pasado tan mal cuesta volver a confiar con aquellos que te rodean, supongo.

Un día no hace mucho, en una clase de valores, hablábamos de la felicidad y del que era para nosotros la felicidad y, ella por primera vez explicó a sus compañeros como se había sentido en la otra escuela, para después decir que desde que había llegado a la nuestra había empezado a ser feliz. No puedo describirte la cara de sus compañeras y compañeros porque yo me emocioné  igual que ellas y ellos. Ella pudo compartir con nosotros unos momentos tristes así como los momentos felices que vive ahora y, por el resto fue una inyección de energía saber que hemos contribuido a que alguien sea más feliz.Por otro lado, las preguntas restaurativas también nos han ayudado mucho: todo el mundo es escuchado, los implicados directamente y los que están implicados de rebote. La responsabilidad no es mía [como maestra], me he sacado este peso de saber quién es “el malo y quien el bueno” -ya me entiendes. Y, cuando a veces los implicados no saben explicar como se han sentido o que necesitan para estar mejor, siempre hay alguien que dice su y hace que todo fluya. Mis alumnos actuales y los próximos se beneficiarán muchísimo de todo aquello que he aprendido gracias a tú, pero también mis hijos y yo misma como mujer, madre y maestra.

*Buff! Qué *parrafada! Pero es que cuando me poso… Siempre he pensado que saber como estás en cada momento, procurar estar bueno, saber o intentar saber el motivo por el cual no se está bueno es básico para vivir. Nuestras alumnas no podrán aprender bien si su coro no está bueno y, tú has contribuido a que tenga más estrategias para ayudarlos y, todavía más importante, “perdonarme” si quizás a veces las cosas no salen como un vol.”

Gracias para compartir con nosotros como te ha impactado el trabajo que desarrollamos en el mundo educativo, en especial los Círculos de Palabra, y para darnos permiso para compartir con otras personas tu experiencia.