Supervisión y cuidado en los equipos de trabajo social

El 4 de abril de este año nuestra socia Anna Espadalé participó en una mesa redonda a Girona sobre la cura del profesional al ámbito del trabajo social. fue invitada por el Colegio Oficial de Trabajo Social de Cataluña en el marco del ciclo “Debates en Trabajo Social y Política Social“. En la mesa pudo abordar una de las tareas que basura desde Fil a l’agulla: la supervisión de equipos profesionales

En la mesa redonda donde participó Anna Espadalé también estaba Aisha Domènech, educadora de la Casa de Acogida por Violencia Machista, donde nuestra compañera hace una supervisión de equipos desde hace tiempos. Las preguntas de inicio de esta conversación querían abordar la cura de la comunidad y de los equipos de trabajo. ¿Qué relaciones establecemos con las personas que acompañamos? ¿Qué daño generamos? ¿somos conscientes? ¿Lo reconocemos? ¿Qué responsabilidad tenemos? Fue un diálogo entre las dos participantes, en que Anna explicaba más la parte técnica, qué perspectiva se usa a la hora de hacer la supervisión de grupos profesionales y el concepto de curas, mientras Aisha lo complementaba con su vivencia y experiencia a la casa de acogida. Al público asistente le gustó, nos explica Anna, este formato que combinaba teoría y práctica.

Anna Espadalé reivindicó mucho la necesidad de apoyo y cura de las profesionales del Trabajo Social. “Sé que, despacio, está cambiando la cultura dentro del ámbito social y cada vez hay más organizaciones de este sector que generan espacios de curas. Por ejemplo, con espacios de supervisión de equipos como el que yo oporto. Pero durante los debates a Girona se pudo evidenciar mucho que todavía falta porque este cambio cultural sea realmente vigente a todas las organizaciones y equipos“.

En el público había asistentes que compartieron que, a pesar de hacer muchos años que trabajaban en el sector, nunca habían tenido o recibido una supervisión de equipo. “Las profesionales del Trabajo Social son personas que atienen gente en situaciones de mucha vulnerabilidad, mucha dificultad, mucha complejidad. Las trabajadoras asistentes lo decían: cada vez crece más la complejidad de los casos y esto impacta en la salud, física y emocional, y el bienestar en todos los ámbitos de las profesionales. Entonces, creo que es muy importante seguir reivindicando este cambio de paradigma”, explicaba Anna.

Conseguirlo es responsabilidad tanto de las organizaciones, entidades, fundaciones y administraciones públicas, como de todas las trabajadoras y trabajadores sociales, para garantizar que se incorpore la cura al ámbito social. ¿Qué hacen, sino, las profesionales del Trabajo Social? Apoyar. Hace falta que este apoyo sea bidireccional, es decir, que se pueda aplicar la cura no solo a las personas que atendemos o acompañamos profesionalmente, sino también a los equipos de trabajo. “También es responsabilidad nuestra, de las profesionales del sector social, porque a menudo nos cuesta conectar con nuestra parte vulnerable. Nos identificamos mucho, pienso, con personas cuidadoras que queremos transformar el mundo. Esto nos puede impedir ver cuáles son nuestras limitaciones. O conectar con que, a veces, también necesitamos apoyo”, argumenta Anna.

Durante la mesa redonda, nuestra socia compartió algunas pinceladas de cómo funciona el grupo de supervisión de la Casa de Acogida por Violencia Machista donde trabaja Aisha Domènech. Es un espacio grupal que lo conforman todas las integrantes del equipo de trabajo, incluida la dirección y la coordinación. “Básicamente lo que hacemos es atender dos aspectos. Primero, cómo estamos dentro del equipo, que incluye a menudo cómo nos sentimos en relación al trabajo que estamos haciendo, cómo nos encontramos de energías, de estrés, si hay casos especialmente difíciles… Segundo, incluye también atender las relaciones dentro del equipo, como nos sentimos entre compañeros y compañeras, gestionar conflictos que pueda haber, sea entre iguales o con superiores y responsables. Por ejemplo, facilitamos la gestión de las críticas o atendemos dinámicas de poder dentro del equipo. Quizás por diversidad, como por ejemplo personas nuevas y personas veteranas, las que son suplentes, las que trabajan en turno de día o por la noche… Se me ocurre también si hay diferentes estilos comunicativos, quienes tiene facilidad para aportar y hablar en el grupo, quien no, etc. En resumen, atendemos el impacto de todo esto entro las personas que conforman el equipo de trabajo”, relata Anna.

Pero también es un espacio donde llevar casos y atenderlos en colectividad: “podemos hablar de un caso que me está generando retos, inquietudes, dudas, necesidades… O bien podemos hablar de temas específicos, transversales, que van más allá de los casos concretos”. La forma de proceder, desde el Trabajo de Procesos, es facilitar que los y las profesionales puedan expresar y compartir sus reacciones emocionales, sean más conscientes de su sistema de creencias y puedan tener un diálogo entre los diferentes roles. Esto podría ayudar a tener más aperos para intervenir, teniendo en cuenta el propio proceso así como el de las personas que acompañamos. 

“La segunda parte de la charla tenía que ver con abordar el impacto que nosotros, como profesionales del Trabajo Social, tenemos en las personas que acompañamos o atendemos. En este sentido, hablamos que desde el rol del Trabajo social, cuando acompañamos personas, se establecen relaciones de poder. Poder entendido como un concepto muy amplio, no con solo que nosotros somos “quien ayudamos” y las otras personas “quienes reciben” la ayuda.”, relata Anna. Esto incluye el poder social, en relación al género, la racialización, la diversidad funcional… y también diferencias a escala de poder personal.

Es muy importante ser conscientes del poder que tenemos para cuidar nuestro impacto y ayudar que las personas se apoderen. El reto es poder ser conscientes de nuestro poder, reconocer que discriminamos y que a veces en basura un uso inconsciente. “Es natural que pase, pero hay que responsabilizarse. Cuando las personas que acompañamos tienen reaccionas que no entendemos, entender que a veces detrás las reacciones de rabia de las personas que atendemos, quizás están reaccionando a opresiones vividas anteriormente, que no tienen que ver con la relación presente sino con el trauma colectivo. Quizás nosotros las estamos reproduciendo sin tener conciencia. Cuando esto pasa, mostrarnos con apertura para reconocer y reparar“, argumenta Anna. “Tener mucha más curiosidad por como lo vive la otra persona. A veces damos muchas cosas por supuesto. Poder decir “me sabe mal”, reparar, asumir la responsabilidad, disculparme… Reconocer el poder y los privilegios que tenemos“, defiende nuestra compañera.

Finalmente, incluir las emociones. Cómo podemos ser profesionales más humanas? Esto incluye también poder llevar nuestra vulnerabilidad, mostrar también cuando las cosas nos tocan emocionalmente. Mostrar el impacto a las personas cuando hay cosas que nos hacen daño. Por ejemplo, si nos explican historias que son duras y nos emocionan, es importante poder ser humana y mostrar como nos sentimos, porque así también podemos ayudar la otra persona a conectar con su experiencia. “Vernos más humanas también puede ayudar a generar más conexión”, opina Anna.

Y es aquí donde se tiene que dar el gran cambio cultural: no está normalizado compartir nuestras vulnerabilidades o las dificultades al trabajo. En especial, explica Anna, en el mundo de el Trabajo Social hay mucho una concepción de “nosotros podamos con todo, no nos podemos equivocar, tenemos que ser perfectas”. Mucho miedo al juicio de ser evaluadas y evaluados, que vean que quizás a veces tengo miedo, soy vulnerable… Desmontar esto es una transformación cultural que va ganando pes. Jornadas de debate como las celebradas a Girona lo demuestran. 

Si sois un equipo de trabajo y os gustaría saber más de los grupos de supervisión que hacemos desde Fil a l’agulla no dudéis en contactarnos. Ofrecemos este servicio en las provincias de Barcelona y Girona.