Frente las violencias externas, ¿cómo trabajas las internalizadas?

En el Foro Abierto del 28 de febrero sobre violencias LGTBIQ+ internalizadas participaron 60 personas de múltiples edades, orígenes y sentimientos. Gracias a todo el mundo por estar allí y compartir vuestras experiencias. Gracias por escuchar.

Desde el momento de empezar a organizar este foro abierto, Sara Carro y Núria Mateu vieron que estaban sufriendo una lesbofobia y bifobia internalizada que las hacía pensar que este tema no era “tan importante”. Explicaban que se habían dado cuenta, de entrada, que ya tenían una perspectiva contaminada por esta violencia internalizada que se ponía en marcha. Se preguntaban “¿quién soy yo para llevar este tema, soy suficientemente válida para hacerlo?”. En esta violencia, este dolor que nos causamos cuando internalizamos una opresión y la naturalizamos, pasan diversas reacciones y maneras de vivirlo. Por decir alguna, frente al sufrimiento se puede huir, dar la espalda y fingir que no está psando o que no nos afecta. Pero hay muchas más, tal como pudimos comprovar durante el foro.

Se reunió una enorme variedad de experiencias en la sala del centre LGBTI de Barcelona. Nuetras facilitadoras lo introducían así: “nos imaginábamos mucha diversidad en el foro. Algunas personas, por ser este el espacio, ya os sentiríais en casa. Otras quizás dudaríais, por si no es un espacio de confianza, seguridad o comodidad. ¿Y si me encuentro alguna persona que no quiero ver? ¿Y si me siento insegura, puedo irme? Seguramente ahora que comienza este espacio de compartir, no serás la única persona que sentirá nervios, incomodidad, sufrimiento. Estamos aquí para acompañaer estas emociones”, explicaban.

Estas experiencias diversas, vehiculadas por la violencia interiorizada, pueden dificultar saber qué explicar. “Me siento expuesta compartiendo según qué, mostrándome. Yo vengo de un pueblo muy pequeño, durante muchos años ni siquiera sabía que se podía ser lesbiana, he vivido como heterosexual sin saber que podía ser y sentir otras cosas. Tengo una enorme dificultad de poner etiquetas, de ponermelas y de usarlas”, compartía una participante. “No me sentía legitimada para participar en este espacio. Digo esto y me pongo a llorar. No soy una bollera de toda la vida, lo soy desde hace cuatro días que salí del armario. No tengo suficiente con la LGTBIfobia externa, que encima alimento la mía. No me doy permiso a mi misma para validarme. Pero precisamente porque hay muchas personas que acaban de salir del armario, tengan la edad que tengan, mi experiencia es necesaria”.

Para empezar el fórum nuestras facilitadoras lanzaban algunas preguntas. ¿Es posible relacionarnos sin hacernos daño? ¿Qué puedo hacer para estar presente y reparar el daño que he causado? ¿Por qué es tan difícil reconocerme como persona que causa daño a otras personas? ¿Me doy cuenta del dolor que he causado? ¿Puedo mostrar el impacto y el dolor? ¿Qué relación tengo con el sufrimiento? ¿Cómo abuso de mí? ¿Cómo se reproduce internamente esta dinámica? ¿De qué manera nos necesitamos como comunidad en estos procesos?

A partir de estas cuestiones se podía dar la posibilidad de hacernos más conscientes de cómo reproducimos estas dinámicas inconscientemente. Por ejemplo, “la dinámica de escaparme del dolor es por la opresión interna, la crítica tan grande, me hace huir porque no puedo asumir este dolor, el sufrimiento causado. Necesito compartirlo con otras personas, decirlo en voz alta, porque no puedo hacerme estas preguntas sola”, compartía una participante. Quizás no es imposible relacionarnos sin hacernos daño, a ti y a las otras personas. Pero no es habitual ni muy probable que suceda. “Aún no he tenido esta experiencia ni conozco a ninguna persona que la haya vivido”, explicaba una facilitadora.

“Somos más conscientes del daño que recibimos, del dolor que sentimos, que no del dolor que causamos. Es un pez que se muerde la cola. No tenemos mucha cultura de ser conscientes y hacer reparación. A la vez, personalmente, soy alguien que no tiende a relacionarse con el dolor propio. A veces cuando vives una situación en la que has recibido dolor, no es fácil pensar en el sufrimiento que has causado”, compartía una asistente. “Cuando recibo daño, hay dolor. Pero cuando causo daño, también es doloroso. Quizás por eso a veces no es fácil hablar del dolor que causo, ¡porque duele mucho!” explicaba otra. Muchas personas asentían con la cabeza escuchando esto.

¿Y si haces daño pero no te das cuenta? “Puedo acariciar a alguien, pensando que hago bien, y quizás esta persona tiene la piel llena de heridas y esto hace daño”. ¿Quizás es necesario diferenciar entre el dolor intencionado, como arma, y el dolor que se da sin intencionalidad? Otra participante se anima a llevar más allá la reflexión: “a veces, incluso en los momentos en que yo he estado activamente haciendo daño -por ejemplo, diciendo algo que sé que es doloroso-, en realidad yo no tengo intención de hacer daño. Quizás quiero conseguir otra cosa, a través de este sufrimiento. Puede ser una excusa. Quizás quería mostrar mi rabia, hacer reaccionar a la otra persona, etc. y el dolor que causaba era un medio, no una finalidad. Pero esto no es importante a la hora de hacer la reparación: la intencionalidad no ha de ser el enfoque. El enfoque ha de estar centrado en el impacto que he causado”, compartía.

En el caso concreto de la LGTBIQfobia, hay dolores muy particulares de esta vivencia, relacionados con el estigma y el rechazo social que se experimenta. “Sientes dolor por ser cómo eres. No es algo intencional ni que quieras cambiar. Cuasas dolor por ser tú. ¿Cómo lo gestionas? ¿Cómo gestionas que la otra persona deje de sentir dolor, cuando no depende de ti?”, se preguntaba una participante. Otra respondía, diciendo que “es necesario poner entre comillas este estar causando dolor. La otra parte puede percibir que me está pasando esto por ti, pero en realidad es una movida suya”.

“Hay dolores que no se pueden reparar, si no cambia previamente una creencia relacionada. Por ejemplo, para mi es súper doloroso que mi familia no me acepte tal como soy. No los puedo transformar, ni ellos a mi. Este dolor no se puede reparar, no se puede transformar. La manera de pasar este daño es reconocerlo. Ahora, lo que sí puedo hacer es dejarlo a un costado, dejarlo de lado y no vivirlo siempre, pero si lo pienso, si lo tengo presente, me causa dolor”, compartía una persona asistente.

“En el mundo homosexual he tenido que pedir «¿me aceptas tal como soy? ¿me aceptas aunque no sea como tú?». Nos cuesta asumir el dolor que nos causamos entre personas que somos minorías. Minorías dentro de minorías. Antes odiaba palabras como heteronormatividad, pero ahora veo que es real: hay unas normas de la sociedad que exigen unas conductas y unas identidades concretas. Pero la mayoría somos conjuntos de minorías”, explicaba un participante.

Hay muchas maneras de reproducir en nosotras estas opresiones. Por ejemplo, explicaba un asistente, “esconder la pluma cuando eres marica o poniendo en el Grindr que eres masculino, mirar los resultados de fútbol para fingir… Es una homofobia interiorizada: soy marica pero no tanto. Esto es muy doloroso. La comunidad cisgénero de los maricas es muy dura. Automatizas reacciones que te hacen pensar que te tienes que cortar, que no has de dejar que se te note por respeto a alguien. A los padres, a quien sea… Esto es una forma de causarte daño. Negarme este dolor porque es ‘patético’, también es un dolor enorme. No sé cómo tengo interiorizada esta homofobia tan grande, pero está aquí dentro”.

Otra participante reflexionaba cómo, para poder asumir este dolor que causamos o nos causamos, antes “necesitas una comunidad, un apoyo que te ayude a abordarlo. Te da miedo aceptarlo, mirarlo, porque si lo miras van saliendo cada vez más cosas y has de estar preparada para gestionarlo”. Alguien añadía que este dolor no sólo es por acción, también es por inacción: la falta de apoyo, la falta de amor, de familia, de comunidad… “La otra persona no sabe que te está dañando, porque en realidad no está haciendo nada. Mucho del dolor proviene de aquí”, explicaba.

Para terminar, la última intervención quiso poner el foco en dar las gracias. “Es muy importante que haya espacios como éste, de encuentro y de compartir. Como personas LGTBIQ+, siempre nos centramos en aquello que nos oprime desde fuera. Muchas veces no nos damos el tiempo de mirar hacia dentro. Incluso históricamente no se nos ha permitido. Porque si estamos en una lucha hacia fuera para contrarestar y combatir una violencia foránea, no podemos dedicar espacio a hablar de las violencias internas. Lo que importa es atacar las de fuera. Por eso, es muy bonito que la primera actividad pública que se ha hecho en este centro sea mirar hacia dentro de nosotras. Gracias a toda la gente que ha hecho posible esto, a todas las antecesoras y antecesores”.