“Este conflicto está soterrado por emociones intensas”

El pasado 20 de diciembre organizamos un Foro Abierto para hablar sobre el conflicto territorial, nacional y político que estamos viviendo en Cataluña y el Estado español. En total 23 personas nos reunimos para intercambiar ideas, sentimientos y experiencias vividas alrededor de esta situación que genera polarizaciones. El espacio lo facilitaron nuestras socias de la cooperativa, Anna Espadalé y Neus Andreu. Os compartimos algunas de las aportaciones que las persones participantes hicieron. ¡Muchísimas gracias para haber participado!

El título del foro abierto “Como podemos construir países, naciones, estados… donde todo el mundo se sienta parte?” lanzaba una pregunta inicial para empezar la conversación que duró dos horas. Anna Espadalé inició la conversación, explicando que se trataba de un tema importante, que toca mucho y que ha estado muy intenso especialmente en el último año. Quizás, hasta ahora, no habíamos encontrado la manera de atenderlo como Fil a l’agulla. Internamente sí que nos removía y queríamos expresar la diversidad de vivencias alrededor de este tema. Al plantearnos qué puede aportar nuestra cooperativa en este momento convulso, pensamos que tenía que ser aquello que nos caracteriza: la facilitación.

¿Qué implica? Es la voluntad de crear espacios como este Foro Abierto del 20 de diciembre, donde poder compartir voces y experiencias diversas, donde poder dialogar. Donde descubrir si, a partir de tener más curiosidad y una mente receptiva sobre el tema, podíamos aportar ideas y vías nuevas. Generar pequeñas luces que nos ayuden a ser más creativas. Por eso, porque ya no queríamos seguir pensando qué podíamos hacer, decidimos pasar a la acción y ponernos a hacer cosas.

La veintena de personas que contestaron a nuestra llamada llenaron la sala Pizarra del Centre de cultura popular La Violeta de Gràcia. Nos alegró ver tanto interés, puesto que era uno de los aspectos que nos preocupaba. Neus Andreu iniciaba la rueda de conversación explicando que quizás hay gente que no se sintió interpelada por nosotras y éste es uno de los retos más grandes. ¿Cómo podemos llegar a escuchar voces muy diversas, más allá del área de influencia habitual de la cooperativa? Es uno de los retos que nos hemos marcado para el 2019.

Había ciertas expectativas respeto a qué se compartiría. Quizás habría personas más interesadas a compartir reflexiones, ideas. Otras, sentimientos y vivencias. Lo que se evidenció, una vez más, es que este conflicto está soterrado por emociones intensas. La voluntad fue ligar lo macro y lo micro, lo personal y lo político. Pensamos que se consiguió.

Muchas personas compartieron una sensación de carencia de espacios donde poder hablar sobre esta situación de conflicto, porque se generan conversaciones de blanco o negro. Otras compartían el miedo, la sensación de escalada en la violencia. Ganas de transformación y de cambio, de construir algo nuevo, pero con la sensación que carencia un consenso claro sobre que se está construyendo.

Otras se daban cuenta y explicaban que últimamente habían desconectado de todo, a veces como mecanismo de defensa y otras porque no encontraban dónde expresarse libremente. “Me he aislado de la realidad porque veía que no sabría gestionarla”, compartía una mujer.Otra participante decía que pensaba que estaba muy desatada, “pero al hablar se me acelera el corazón. Me preocupa cómo hablar de lo que nos está pasando sin aplastar a la otra persona, sin parecer que buscamos ver quién está más oprimida”, expresaba. Otras personas resonaban con esta emoción que sentían hablando. “Lo que me hace llorar es esto que se está generando y que no me gusta: la división, la confrontación….”, expresaba otra.

Las emociones no eran sólo tristeza o miedo, también había personas enfadadas. “Estoy muy enfadada, escéptica del proceso que estamos viviendo de hace años, muy alejada y desconectada. Cuando veo a personas tan tocadas por eso me pregunto, ¿por qué a mí me afecta tan poco? Nunca he tenido un sentimiento de identidad muy arraigada al sentimiento independentista, me cuesta conectar con esta parte de opresión. Lo entiendo, pero a mí no me acaba de tocar. Tampoco me siento identificada con el Estado español, con esta ambivalencia que me hace estar muy enfadada. Con las dos partes, por cómo se ha gestionado todo”, explicaba.

En la sala se hacía presente mucho sufrimiento, incomprensión y confrontación, que normalmente pasan sin conciencia. Para una persona era la oportunidad de entrar en contacto con esto y emocionarse. Otro participante decía que era sintomático que fueran una minoría los hombres presentes, porque “vivir algo tanto tiempo es difícil de gestionar”. Otras personas llevaban referentes de situaciones relacionadas, como las del País Vasco. A la vez, esta era la puerta de entrada a las raíces y la *migritud, la diversidad de historias personales y colectivas. Hay intervenciones en catalán y en castellano, las dos lenguas conviven en la sala. Una participante nacida en el País Valencià señala cómo, a menudo, a pesar de que el movimiento independentista catalán es una opción de hacer las cosas diferente, no se contemplan los otros territorios de los Países Catalanes y sus voluntades. “Ya llegaréis vosotros, ¡primero Cataluña y después os vendremos a salvar!, parece que nos digan”, explica.

Una participante de origen mexicano explicaba que “en espacios como este encuentro mi manera de participar, porque normalmente lo vivo desde la impotencia de cómo el tema se polariza y se aborda desde la víscera”. A la vez, otros explicaban que precisamente echaban de menos espacios donde poder dejarse llevar por el sentimiento, sin tener que racionalizarlo todo.

Como facilitadora, Neus Andreu explicaba que había notado varias cosas. “Desafección y sentimiento, de estar afectada o desafectada. ¿Cómo interactúan, dentro de nuestro y fuera, estas dos formas de estar o de sentirse? Relacionado con esto, han salido el miedo a las emociones, a la guerra… Cómo moverse visceralmente en un ambiente muy cargado emocionalmente. Gente que no sabe donde situarse, que no quiere tener una opinión concreta, no saber si quieres situarse… El hecho charnego también ha aparecido, o el hecho de sentirse catalán/catalana o no: ¿quién lo decide?”, resumía. Las identidades que son diversas, que no encajan a los moldes, tambalean en esta polarización.

La conversación avanzaba. Las participantes señalaban como era imposible hablar del que está pasando aislándolo de la historia personal y colectiva, de los territorios, del pasado. A la vez, se percibía que en general hay mucha inconsciencia del papel capital de la Historia en el presente. Hay vivencias situadas a la Historia y hay muchas historias, hay historias silenciadas. “Sí que está pasando algo que proviene del pasado a esto que ahora se vive en Cataluña”, se comentaba.

Pero más allá de Cataluña, también. Por ejemplo, una participante decía que “en las elecciones de Andalucía no se ha votado pensando en el territorio, sino en Cataluña” y en su posible independencia. Al mismo tiempo, también lo que pasa aquí está influenciado por lo que pasa más allá: el 70% de la población de Cataluña es migrada. “Es una tierra hecha de migración”, constataba una participante.

¿Cómo podemos unir toda esta diversidad, polarización y diferencias sin caer en unas “Olympics of Opression“, como decía una participante? Es decir, en una competición para ver qué colectivo, identidad o persona está más oprimida, no para reparar el mal causado y transformar, sino para quedarse estáticamente en la posición de víctima. Perdiendo oportunidades imprescindibles para hacer más libres y llenas las convivencias. Y es que, como continuaba diciendo, “descubrir qué te hace vulnerable o si compartes vulnerabilidades, te permite hacer más cosas, te da fuerzas. Es mucho más rico”, explicaba.

A la vez, llegábamos a un punto importante del debate. Había voces que decían “no me quiero posicionar, porque no quiero las opciones de blanco o negro que hay ahora”. Y otra voz, que explicaba que “no posicionarte ya es posicionarte”. ¿Qué podemos hacer para transformarlo? La respuesta colectiva en el foro abierto era dialogar. Dialogar entre muchas personas para ampliar el abanico de posiciones, evitar el reduccionismo y dar espacio para la diversidad -que ya existe y ya es presente- para aflorar y ser visible.

El reto es,  ya se explicaba antes, cómo hacernos visibles sin invisibilizar a las otras. En este momento del foro abierto había mucha emoción en el ambiente. Varias personas tenían la voz temblorosa al hablar. Se estaba compartiendo los dolores, a pesar de que las causas quizás eran diferentes. ¿Cómo nos podemos valorar sin posar en contra otras valores? ¿Cómo valorarnos sin hacernos víctimas? ¿Cómo valorarnos y hacernos visibles sin invisibilizar a otros, a otras? ¿Cómo puedo ser libremente nuestra identidad porque no sufrimos la sensación de estar oprimiendo sólo por mostrar y (querer) vivir nuestra identidad?

Afloraban potenciales desde la conversación, “la posibilidad de abrir la ventana a una nación que supere el estado y que dirija hacia una tierra de migritud nacionalista impura, de muchas nacionalidades”, expresaba una participante. Una tierra no de acogida, sino híbrida. Para ella, “Cataluña será impura o no será, porque esconderse de esta hibridad, de esta migración pasada y presente, de la diversidad, es un freno para reconocer la alteridad propia y por tanto, la ajena”, es decir, no reconocer ni valorar las diferencias y la diversidad. Por ejemplo, no reconocer la familia migrada española, los apellidos castellanos, la afinidad política o no decir en voz alta que celebras el Ramadán, todo ello por miedo. 

Se evidenciaba que quedaban muchas temáticas para abordar. Otra participante explicaba que no podíamos obviar que la clase social, la capacidad económica y otros ejes de intersección también intervienen en este debate. “Las fronteras bloquean a quién bloquean”, expresaba. Además, también había una voluntad de algunas participantes de no vincular la identidad al nacionalismo. “¿Y si soy terrestre?” preguntaba un participante. “Pero ser terrestre y no tener una nacionalidad designada también es un privilegio, porque cuando la nacionalidad te estigmatiza, no te puedes escapar”, aportaba otra participante. Otros respondían diciendo que la conexión emocional, íntima y profunda con la nacionalidad también liga el hecho cultural, histórico… y que formaba parte de su [yo], al que no deseaban renunciar.

Otro debate que surgía era si quizás este conflicto está tapando otras violencias muy relevantes que están en marcha actualmente. “¿Y si me preocupa más el cambio climático que no el eje nacional?”, explicaba una participante, compartiendo que quizás también había que conectar más con otras cosas que nos conforman la identidad o que nos remueven por dentro.

El resumen de este encuentro intenso y emocionando es que todo el mundo nos quedamos con ganas de seguir conversando, compartiendo y sobre todo, aprendiendo. Precisamente porque las participantes llevábamos mochilas diferentes en este tema, con experiencias diversas, todas aprendimos cosas nuevas. Escuchamos partes de nosotros y nosotras que habitualmente no reconocemos o dijimos en voz alta cosas que quizás hacía tiempos que queríamos decir. También hubo espacio para los silencios y las emociones que los acompañaban.