Afrontar el racismo en el cooperativismo

El pasado mes de junio hicimos un Foro Abierto  sobre racismo y privilegio blanco en el cooperativismo. participaron una veintena de personas y durante dos horas estuvimos debatiendo sobre prejuicios, privilegios, necesidades y retos de futuro. Muchas gracias por la confianza y para ser presentes, abriéndonos juntas a cuestionarnos. Núria Mateu y Sara Carro, ambas miembros de Fil a l’agulla que facilitaron este espacio, nos comparten algunas ideas que se escucharon.

Cuando nos planteábamos hacer este foro, inicialmente en la cooperativa había surgido la idea de pensar sobre si las cooperativas éramos bastante diversas. En Fil a l’agulla nos hemos identificado desde nuestros inicios con ser feministas, y mujeres, y lesbianas. Hemos ido dándonos cuenta que también éramos blancas. Y que mayoritariamente, las personas que venden a nuestras formaciones son también blancas. Tenemos un problema. ¿Qué nos estamos perdiendo? En el mundo educativo es evidente: es el área de trabajo de la cooperativa donde encontramos más diversidad. El mundo real, sin filtros. Necesitamos más diversidad a nuestro equipo para abordar el racismo en las escuelas. ¿Pero sólo necesitamos una colaboradora en un proyecto concreto? No. Necesitamos más diversidad dentro del equipo.

No somos las únicas que nos encontramos en este punto. La mayoría de cooperativas también son blancas. ¿Somos las cooperativas una herramienta para promover menos segregación? Así, el día 14 de junio, borde una veintena de personas nos encontramos para hablar sobre el racismo y el privilegio blanco a las cooperativas y las entidades de economía social y solidaria. Nos decía una persona participante que la convocatoria era provocadora, por el título y las preguntas que hacíamos.

Las participantes se sintieron llamadas por este tema, sea porque el tema los provoca conflictos, porque se están haciendo preguntas, porque sienten interés o curiosidad, o por una mezcla de todo. También había quién decía que había venido para seguir trabajando a andar de una manera más justa en este mundo. A la vez, queremos explicar que también participaron iniciativas que ya tienen en marcha proyectos para cambiar este panorama, como por ejemplo Migress. Al principio dimos espacio para pensar y compartir algunas ideas en parejas alrededor de las preguntas que habíamos tirado como disparadores a la convocatoria:

  • ¿El movimiento cooperativista es racista?
  • ¿Son las cooperativas suficientemente diversas?
  • ¿Tenemos en la agenda trabajar sobre nuestros privilegios blancos?
  • ¿Qué nos estamos perdiendo por el camino? ¿Qué no vemos?

A partir de aquí fuimos tejiendo una conversación, con algunas ideas que nos hacían cuestionarnos qué papel estamos jugando desde el cooperativismo en relación a sí somos un medio de recibimiento o de exclusión de las personas migrantes y racializadas.

Constatamos cosas; por ejemplo, ¿como puede ser que, si vamos andando por la calle, vemos una diversidad muy amplia y en cambio dentro de las cooperativas no se ve reflejada? No sólo hablamos de personas racializadas, sino también de diversidad funcional, rangos de edad, géneros… ¿Quizás es que no consideramos realmente la diversidad como una riqueza? Y si es así, ¿como es que la ESS se autodenomina solidaria? Una participante apuntaba que si queremos ser fieles a las siglas, tenemos que ponernos las pilas y realmente poner en práctica esta solidaridad. “No sé si el cooperativismo es racista, pero la sociedad sí que lo es”, compartía otra.

Quizás el punto de partida es que no nos atrevemos a decir que somos racistas: “tenemos el racismo asociado a la maldad”, decía una participante. Sin dejar de lado el mal que causamos con acciones y actitudes racistas, también hay que poner en evidencia que es algo estructural. Si no se combate desde la raíz y con una perspectiva sistémica -tanto para señalar su impacto cotidiano, la responsabilidad administrativa, la desidia social, como para trabajarlo en todos los ámbitos políticos, culturales, educativos, laborales, etc.- no se podrá arrancar de pura cepa. Atender también la dimensión jurídica de la diferencia entre persona “extranjera” y “nacional”, que a la práctica se traduce en el hecho que hay personas que tienen derechos y otros que no.

Las participantes recordaron y poner de relevo el peso histórico, el pasado horrible que hoy en día todavía marca el presente y sus consecuencias que todavía sufren millones de personas. Pero también tenemos que ir más allá y no estancarnos en la culpa, sino en la responsabilidad, para no quedarnos paradas en la inactividad. El primer paso es decirlo, evidenciarlo y responsabilizarse. “Actuar de forma neutral no existe, ¡no hacer nada también es racismo!”, resumían.

Otro punto de debate fueron las relaciones entre Nortes y Sures globales. Por ejemplo, la experiencia de una de las asistentes hacía referencia a las experiencias de cooperación internacionales: “cuando vamos a otros países con nuestra mochila euroblanca, nos encontramos con un choque cultural. Tú quieres traer todo aquello que consideras  un privilegio, desde la idea de progreso eurocèntrica, como si fuera algo mejor sin establecer un diálogo real y una conversación activa con las personas que conoces en el país que visitas. Los decimos que tienen que hacer para ser más modernos, sin realmente llegar a conectar con las necesidades reales que puedan tener las comunidades que descubrimos. Hay que reflexionar sobre esto, ser conscientes”.

Hay que parar atención también al eje socioeconómico de cooperativismo: si bien se apuesta por promover la equidad, sin un tejido social y un bienestar económico no es fácil conseguir hacer la aportación de capital inicial de 3.000 euros que se exige a las socias cooperativistas. A la vez, no todo el mundo se puede permitir trabajar por cuenta propia, así que a veces la opción de poner en marcha un proyecto del mercado social no está al alcance de todo el mundo. Ligado a los privilegios está también el hecho de no tener que abordar los racismos porque no te afectan ni te perjudican directamente: “si el racismo no te atraviesa, tienes la opción de no pensar si no quieres”, es decir, tienes la opción de desentenderte. Crear espacios donde se pueda dar una confluencia que combata los racismos y pensar en las consecuencias que no hacerlo tiene en las otras, es una vía para evitar crear círculos de exclusión.

También encontramos muchas dudas; lograr y consolidar una diversidad rica es un reto difícil muy a menudo. El día a día, cuando tomas conciencia, es más llevar; ceder y/o compartir privilegios no es tan sencillo como parece a priori. Cometeremos muchos errores y a pesar de la buena voluntad, seguiremos haciendo daño. Tenemos preguntas: ¿buscar a una persona por el color de su piel no es paternalista? ¿Desde dónde hago el esfuerzo y con qué intención? ¿Caigo en jerarquías? Cuando estamos en espacios como éste, ¿cogeremos el teléfono de alguien a la salida? Y cuando lo tengamos, ¿llamaremos algún día a aquella persona? ¿Qué hacemos con una agenda de contactos llena de personas diversas, si en el día a día no promovemos y vivimos esta diversidad?

Pero a la vez, también se dio el rol del optimismo. De constatar que, a pesar de todo, algo está cambiante y hay movimientos en marcha. Porque hace sólo dos años, no seríamos aquí, haciéndonos estas preguntas, planteándonos qué privilegios tenemos conscientemente o inconscientemente, y sobre todo, pensando qué podemos hacer y actuando para cambiarlo.