IAP: ¿por qué hacemos Investigación Acción Participativa en las escuelas?

En algunos de los proyectos de educación que hacemos en las escuelas hemos ido incorporando la herramienta de la IAP, la Investigación Acción Participativa. Noemí Canelles, colaboradora de Fil a l’agulla, nos explica este método y por qué lo usamos en los centros educativos para evaluar, pero también para transformar.

Con la práctica, nos hemos dado cuenta que generar conocimiento y reflexiones colectivas enriquece los proyectos; sobre todo cuando lo hacemos simultáneamente a las otras acciones que llevamos a cabo en los centros escolares. Y también porque a través de las IAP permitimos a las personas interesadas tener un espacio más donde encontrarse y pensar colectivamente en temas que no encuentran espacio habitualmente. Los ingredientes de la IAP, las tres letras, generan transformaciones en las personas y en las escuelas de diferentes maneras:

I de Investigación

La IAP acontece un espacio donde identificamos “el tema” o temas que preocupan a la comunidad educativa. A veces este tema no está exactamente incluido a la demanda de la escuela que llega a Fil a l’agulla pero el proceso de encuentro permite identificar el que realmente preocupa, y poner herramientas para recoger información.

El diseño conjunto de las herramientas necesita apoyo técnico; esto no siempre queda bastante abierto a la decisión conjunta. Se trata de emplear herramientas de investigación sociológica como entrevistas, cuestionarios, fichas de observación sistemática, grupos de discusión… que se eligen en función de las posibilidades e intereses de cada proyecto. Más allá de las herramientas elegidas, si tienen cierto consenso es más fácil involucrar a las personas en la recogida de información. Los equipos docentes pueden estar más motivados, las familias más dispuestas a hacer una entrevista, etc.

Hasta dónde se puede llegar siempre depende de los recursos disponibles, pero generalmente, la Investigación permite identificar informaciones sobre hechos, discursos y posicionamientos, que están incidiendo en las realidades de las escuelas y de las cuales no siempre se es consciente.

Hay que decir que la I no tiene una finalidad exclusivamente descriptiva, en el sentido de caracterizar una determinada situación en forma de datos cuantitativos o de una diagnosis exhaustiva. Además de obtener información sobre “que hay”, se trata de llegar al “como lo vemos”. En palabras de uno de los expertos en el tema, “Tampoco se trata de obtener un conocimiento que sea verdadero (la verdad no existe), sino de contrastar distintasformas y perspectivas de afrontar un mismotema y, en última instancia, posicionarnos en uno enfoco que sea pertinente a los objetivospropuestos y a las finalidades que cono ellos se persiguen.”

A de Acción

Con la Acción de la IAP permitimos que agentes que normalmente no se encuentran y que a veces están enfrentados (maestras – familias; educación formal – educación no formal; familias de la AFA – familias no pertenecientes a la AFA; familias de diferentes orígenes y características, etc.) tengan un espacio de encuentro desde un interés común, como es la convivencia a la escuela, o la educación de los niños y niñas. En este sentido, a la misma IAP“pasan cosas”, se visibilitzen los conflictos, los diferentes intereses… a la vez que se permite el abordaje desde un espacio constructivo, donde hay una voluntad de comprensión y de transformación en positivo. 

También vemos Acción cuando el proceso propio de la IAP es “útil” para los agentes: les permite acercarse a otros con la excusa de hacer una entrevista, o de hacer una observación. La IAP, entonces, genera vínculos que no existían previamente, y esto tiene un sentido en si mismo, incluso en el margen de la investigación. Además, a la IAP tenemos la Acción como meta última: la transformación de las relaciones y de las creencias de la escuela. En la medida en que el conocimiento permite esta transformación, es útil, y no como una finalidad en sí misma.

P de Participativa

La IAP es Participativa porque no es un ejercicio de personas expertas que analizan la escuela, sino que posibilita que el objeto de estudio acontezca el sujeto de su propio análisis. Y esto transforma totalmente la estructura de poder de la investigación tradicional. La participación no siempre es fácil, porque hay muchas inercias de los centros educativos y de la sociedad en general que lo dificultan. La escuela, además, es una de las instituciones más relacionadas con la conciliación y dónde más se ve esta tensión entre los tiempos de las personas. Por eso es importante posibilitar un tiempo y un espacio, y contar con el que hay, con las posibilidades y las voluntades reales de participación, y adaptar la IAP a los ritmos de la comunidad educativa.

Trabajamos porque la puerta, y la posibilidad de romper esta barrera entre la persona experta y la persona investigada, esté siempre abierta. Al mismo tiempo, la perspectiva con que trabajamos en las escuelas, que es la de la psicología orientada a procesos o Trabajo de Procesos, nos permite traer muy fácilmente conciencia alrededor de estos roles, y hacer visible y posible que la persona observada coja el rol de experta, y que la experta traiga también su experiencia personal de madre, o de alumna en su día…

También es transgresor otorgar este papel a los dos colectivos que suelen tener menos poder en la escuela: el alumnado y las familias. La percepción normativa es que el alumnado es siempre quién tiene que aprender, y las familias, dentro de la gran variedad de posiciones que pueden ocupar en la escuela, pueden verse en una posición de inferioridad en relación a la institución. La IAP permite a estos colectivos tener un papel activo en la definición y en el análisis de su experiencia. Y ninguna transformación sería posible sin esta implicación.

En cada escuela encontramos nuevas maneras de vivir estas tres letras de la IAP. Más I, más A o más P. Lo hacemos adaptándonos a las necesidades y a las posibilidades de cada centro. Es la manera de hacer que cada IAP sea una sorpresa, un regalo que encara no hemos desenvuelto.