No tenemos tiempo para todo ni queremos tener que hacerlo todo

No tenemos tiempo para todo, es la conclusión que sacamos del Foro Abierto que organizamos el pasado 6 de marzo, previo a la Huelga Feminista. La intención de la propuesta ha sido pensar conjuntamente formas de compartir los cuidados y las tareas reproductivas, y así, redistribuir la carga que tradicionalmente se nos ha impuesto a las mujeres. Laura Marbiol y Núria Mateu, miembros de Fil a l’agulla, nos explican como se plantearon este foro y qué ideas se sintieron durante la conversación.

Cuando empezamos a preparar el foro nos planteamos como ofrecer un espacio cuidado, puesto que este era el tema principal. Cómo hacerlo para que personas con varias experiencias se sintieran invitadas a venir? Familias con criaturas, personas dependientes, madres o padres solteros, parejas, relaciones, compañeras de piso, comunidades… Pensante a encontrar un horario inclusivo nos dimos cuenta que era muy difícil encontrar el momento adecuado para todo el mundo. De aquí también surgió el título «Tenemos tiempo para todo?» porque cuando empiezas a pensar en este tema parece que el tiempo juega en contra.

Aun así, el día 6 de marzo a las 18 horas nos pudimos encontrar una veintena de personas adultas, acompañadas de dos criaturas. Compartimos malestares, diversidad de vivencias y recursos alrededor de la conciliación, los cuidados y el trabajo doméstico.También fue interesando como se produjeron situaciones que ilustran dinámicas habituales que se dan alrededor de estas cuestiones.

Un aspecto clave de estos temas es la invisibilidad. Durante mucho tiempo no hemos puesto atención a todo el que suponen los cuidados, la crianza y el trabajo doméstico porque se han considerado tareas “de segunda”, como un complemento al trabajo productivo y en el mundo masculino. Es por eso que hemos hecho un mapa conceptual intentando visibilitzar todos los ámbitos que estas incluyen. Aun así, seguro que nos hemos dejado alguno.

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Esquema trabajado durant el Foro Abierto “¿Tenemos tiempo para todo?” el pasado 6 de marzo (2018)

En la imagen vemos cómo los cuidados y el trabajo doméstico pasa como en el mundo de la empresa (trabajo productivo): cada tarea es una doble tarea, es decir, requieren planificación y ejecución. Tener nociones de gestión empresarial es algo muy valorado socioeconómicamente, en cambio no lo es tener nociones de gestión del hogar o de la unidad familiar o de convivencia. Cuando una persona sola se encarga de la planificación de las tareas domésticas, es decir, que tiene la base de datos mental de en qué sido se encuentra cada tarea (hecho, pendiente, en trámite, a la espera de…) se genera aquello que se ha denominado “carga mental”. A menudo, esta planificación sigue recayendo únicamente o de manera más acentuada en las mujeres, inclús cuando la ejecución es compartida con otras personas.

En el caso del trabajo doméstico hemos añadido un tercer trabajo que tiende a recaer en las mujeres: visibilitzar.La educación diferente que recibimos hombres y mujeres hacia el tema (como tendencia generalizada, por suerte hay diversidad) nos entrena más a las mujeres para ver la suciedad, las tareas pendientes, porque nos parezcan cosas importantes y porque nos preocupen. A los hombres, no tanto. Por eso es común que por una persona la casa esté limpia y para la otra sucia: son los clásicos conflictos de umbrales o necesidad de limpieza y orden de cada cual. Esto nos trae a responsabilizarnos de hacer conscientes a las personas del cercando de los trabajos pendientes. Este estereotipo que el trabajo doméstico es responsabilidad de las mujeres genera juicios en las mujeres, parejas o familias que lo gestionan diferente. Durante el foro, pudimos hablar de la dificultad de salir de la presión social —cuando a casa es un hombre quien hace las tareas pero todas las preguntas sobre esto se dirigen a la mujer.

Así pues, pudimos escuchar como el género es un factor clave en la causa del malestar. A continuación una escena muy interesante que vivimos durante el foro, de una pareja que viven juntos. La ponemos porque es un ejemplo de situaciones recurrentes, inclús en parejas comprometidas con el cambio social y la equidad de género: la mujer tiene algún malestar o conflicto hacia la gestión del hogar y el hombre siendo que todo va bien. Fue muy interesante compartir estas percepciones.

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Al principio de la sesión pedimos a las participantes que se colocasen en un espacio de la sala en función de si lo que las había llevado al Foro Abierto era más bien sentir conflicto/malestar, interés/curiosidad, ganas de probar cosas nuevas, dudas u otras inquietudes.

También se verbalizó cómo las mujeres hemos internalizado la opresión y “el patriarcado que traemos adentro” nos juega malas pasadas. Pudimos hablar de la responsabilidad, la culpa y la invisibilidad. También de la exigencia, la renuncia y los estándares (umbrales) diferenciados, preguntándonos si podemos llegar a algún punto en común.

En medio de estas reflexiones, un participante planteó algunas preguntas: hace falta realmente tener la casa tan ordenada y limpia? Podemos contratar alguien porque lo haga por nosotros? Debatir sobre estas cuestiones puede ser muy complejo. Por un lado, hacernos estas preguntas nos puede hacer más entregas para decidir de que nos queremos encargar y de que no, y como lo queremos hacer. A la vez, planteárnoslas puede ser un síntoma que no damos valor al trabajo doméstico y por eso no le queremos dedicar tiempo o esfuerzo. Además, el hecho de contratar a otra persona puede generar un traspaso del malestar hacia alguien ajena al hogar, a menudo con prácticas laborales que no garantizan el bienestar de la persona trabajadora porque la legislación vigente no reconoce adecuadamente los trabajos (remunerados) del hogar y de cuidados.

El punto más delicado de tener este debate entre hombres y mujeres es que los hombres históricamente han disfrutado del privilegio de poderse desentender de este trabajo y por lo tanto para ellos puede ser una pregunta “ligera”. En cambio, las mujeres han vivido la opresión de tenerse que encargar y por lo tanto, tenemos muchas más presiones internalitzades en el respeto.

Con esta imagen hemos querido representar los “fantasmas” (pensamientos, emociones, voces) que se nos pueden despertar a unas y otras cuando surgen estas preguntas.

Se escuchó la voz del privilegio de poder elegir: cuando yo tengo las necesidades cubiertas puedo mirar a mi entorno. Nos preguntamos por qué el tiempo de cura se considera como un tiempo no aprovechado y comentamos, también, que este trabajo es el que nos mantiene vivos, a nosotros y a la humanidad, y que la vida es muy valiosa. Recuperamos la voz de las abuelas y las madres, de como este trabajo históricamente no ha sido «ni pagado, ni apreciado». Y también pudimos compartir recursos a la hora de distribuirnos el trabajo:

  • Habla con el patriarca interno que te exige o te culpa y pararle los pies. Observarse con distancia: ¿me estoy sintiendo culpable por eso, que está pasando? ¿Quién dice que es mi responsabilidad?
  • Conectar más contigo misma: preguntarse cada mañana “¿qué necesito yo?”
  • Derivar: decir “esto dile al (nombre de la persona que se encarga de las tareas)” Sirve parar esos momentos en que siempre se dirigen a ti por temas de cuidados  o trabajo doméstico porque eres mujer y presupone que por este motivo es responsabilidad tuya
  • Hacer parrillas o mesas para repartirse las tareas
  • Apadrinar espacios de la casa: esta semana o este mes la persona X apadrina el comedor, la Y la cocina, etc. El padrino o madrina de cada espacio lo cuida, lo mantiene, el mejora, es el referente. También había la versión de “guardianas o guardianas” de cada espacio
  • Cuando hay malestar, enfadarse, expresar qué te pasa
  • Cuando me siento sobrecargada y cansada de hablar y que nada cambie, dejar de hacer los trabajos porque se haga visible todo con el que cargas. Hacer huelga. Tiene el reto de sostener la incomodidad si las otras personas no te entienden
  • Hablar con los parientes directos y políticos: “O le dices a tu hijo que espabile o te lo devuelvo”
    Para incorporar el valor de las curas en grupos de trabajo o familia: establecer reciprocidades. Por ejemplo: cada día cocina una persona para todo el grupo
  • Conversar abiertamente sobre qué nos pasa y qué necesitamos

Hablamos, también, de la parte agradable de las curas y de su importancia: Cada una de nosotras necesitamos recibir cuidados y podemos darlos. Queremos fórmulas que nos permitan recuperar el valor y el placer de nuestro tiempo sin que sea a costa otras personas.

Si con todas las reflexiones compartidas, imaginamos un posible “mapa” o “secuencia” para andar hacia estas fórmulas, podríamos decir que:

  1. Primero, hay que comprender la interdependencia y coresponsabilizarnos
  2. Segundo, conversar abiertamente de que necesitamos y que podemos dar
  3. Tercero, probar formas diferentes de organizarnos y de compartir las tareas
  4. Y cuarto, no tener miedo del error o de volver a la casilla de salida: cambiar las cosas quiere decir probar formas nuevas y el error es un elemento importante de la creación y del aprendizaje

Esperamos que tanto el foro como este escrito aporten un granito de arena para repartir equitativamente entre todo el mundo el pastel del “tiempo”, el saco sin fondo de las responsabilidades de curas y reproductivas, y universalitzar el bienestar.