Del retorno a la escuela y cómo crear comunidad

Si queremos conseguir un alumnado cohesionado y con sentido de pertenencia, el primer paso es dotar también a las persones adultas de la escuela de estas herramientas y de estos espacios para conseguirlo. Para crear comunidad.

04 de octubre, 2017 – Lídia Casanovas

“Empiezo con ganas el curso a pesar de que el contexto en que nos encontramos es tenso”, “Estoy un poco cansado que el tema de la igualdad y la coeducación vuelva como asignatura pendiente”, “tengo muchas ganas de esta sesión, sé que hay cosas que las puedo hacer mejor”, “tengo ganas de reflexionar con las compañeras”, “me engancháis un poco agobiada, tendría que tener este tiempo para hacer otras cosas que también son importantes”

Estamos en una formación introductoria a la coeducación y a la gestión de la diversidad en un claustro de una escuela de primaria. Nos encontramos con un profesorado que se prepara por entomar el nuevo curso que ponemos en marcha y a la vez asiste a nuestra formación con diversidad de motivaciones y expectativas. Estas frases que citábamos son ejemplos de conversaciones que han surgido en nuestras intervenciones.

Creemos que es algo universal. Estos pensamientos, expresados en voz alta o no, se pueden dar en todos los centros educativos. Hace años que entramos a las escuelas y últimamente cuando se trata de formaciones internas nos gusta hacerlo especialmente a los primeros días de curso, cuando el claustro se reencuentra con su tarea y los retos nuevos -o no tan nuevos- del curso, desde preparar el temario, preparar las aulas, preparar aquel material específico… sin olvidar cómo una se prepara para encajar preguntas difíciles relacionadas con el contexto político y social del momento, cada vez más cambiante y complejo.

Todas las personas tenemos dos necesidades básicas fundamentales: el sentido de pertenencia a un grupo y el sentimiento de identidad. Ya nos lo advertía P. Cascón, cuando estudiábamos la gestión de los conflictos, a su libro “La alternativa del juego. Juegos y dinámicas de educación para la paz”. También nos lo dice la experiencia del día a día en las aulas. Y es que a veces nos olvidamos que esto que sabemos tanto bien a la teoría no lo aplicamos del todo a los propios equipos de trabajo, en este caso los equipos de maestros, profesorado, educadoras de nuestras escuelas del sistema público catalán.

Poner en el centro los cuidados

Un objetivo clarísimo de la coeducación es el de poner en el centro las emociones y las diversas maneras de expresarse que encontramos en los grupos, además de seguir cuestionando los estereotipos sexistas y trabajar porque las sanciones de género ya no tengan razón de ser. Algo que intentamos hacer reflexionar a los equipos de maestros es que que todavía hay una tarea pendiente a la hora de poner en valor todos los espacios asociados a la categoría de las mujeres o mundo femenino (la cura, la sensibilidad, la cooperación, la expresión de las emociones…).

Hay que seguir luchando porque desde la escuela se dé el valor que merecen estas tareas y ámbitos. Que reciban la misma consideración y respete cómo reciben otros espacios que sí que disfrutan de prestigio social y estructural. Que lleguemos un día en que sea igual de valorado y tengan el mismo prestigio las charlas que se dan a los márgenes del patio como las acciones deportivas que pasan en medio. Que sea igual de importante proponer una idea como también saber escuchar. Que disfrute de igual prestigio social una maestra que un abogado.

De aquí las ganas de compartir sobre la experiencia con los claustros y de destacar la importancia capital de hacer comunidad desde un inicio. A menudo, desde Hilo a la aguja nos encontramos con unas maestras preocupadas por todo el arsenal de creatividad y energía que tienen que demostrar año tras año. Sea para adaptarse a directrices del departamento cambiantes para cada curso, gestionar los recursos humanos y materiales, atender todas las propuestas que hacemos desde el entorno (alimentación saludable, sostenibilidad ambiental, etc..), seguir lidiando con la presión de todo el entorno y seguir batallando porque el trabajo de maestra sea reconocida para todo el mundo.

Si no hacemos comunidad al profesorado, ¿cómo la podremos crear en el alumnado?

Y entonces volvemos a hacer patentiza una cosa importante. En las escuelas, habitualmente se olvida atender un aspecto que es fundamental: el de construir comunidad con el equipo del profesorado. Es una tarea que al principio puede parecer “una pérdida de tiempo”, un elemento añadido o que comporte cierto cansancio o desgaste para personas que ya tengan estabilidad dentro del centro educativo. Escribimos aquí para poner de manifiesto como cambia el ambiente de los equipos de trabajo cuando damos la bienvenida y vemos los y las maestras que llegan nuevos a un claustro y escuchamos su trayectoria, sus dudas, sus aprendizajes.

“Por fin he conseguido un centro que me da la jornada entera que esperaba.“, “al curso pasado pasé por tres escuelas y estoy contenta del recibimiento a este claustro”, “gracias por la *escalfor de estos primeros días“ , “voy un poco perdido, tengo ganas de conocer el equipo y también de escuchar la trayectoria y la *expertesa de las hace tiempos que son en esta escuela “, “hace dieciséis años que trabajo aquí y cuatro que soy directora, quiero mucho esta escuela”, “traigo quince años aquí con dos compañeras más”.

Cada persona vive este inicio de curso con una mochila de experiencias diferente. Es imprescindible visibilizar la diversidad de un equipo para poder hacer sentir a todo el mundo en casa. Nuestro anhelo y objetivo es el de seguir construyendo cohesión desde la diversidad, haciendo aflorar las diferencias y a la vez el que une al equipo. Ésta es la clave: poder acoger la diversidad y visibilizarla a la vez que el sentimiento de comunidad se hace fuerte y que será el que ayudará en los momentos de reto y  en las situaciones difíciles con las que la escuela se encontrará.

Dotar de espacios de trabajo para crear comunidad a primeros de curso es una tarea necesaria. Aunque puedan suponer un añadido a la jornada laboral, una carga horaria o un reto emocional, los efectos de poner al marchar estos espacios son muy positivos. Si queremos conseguir aulas y alumnado cohesionadas y con sentido de pertenencia, el primer paso es dotar también a las persones adultas de la escuela de estas herramientas y de estos espacios para conseguirlo.  

Una maestra nos hace preguntas reflexionando en voz alta: ¿cómo acompañar la vertiente emocional sin querer “abrir” cosas que no nos corresponden? El profesorado necesitamos espacios para, por un lado, poner en valor, reconocer, aprender de todo el que hagamos y, a la vez, hacer autocrítica por las cosas que no sabemos ver, las cosas que se nos escapan, las cosas que a veces “encargamos a la familia” y que también son nuestras. Poco a poco las opiniones refuerzan la idea de poder tener un espacio donde el diálogo sea valorado. Poder hablar de las cosas que nos preocupan. ¡Y hay muchas preocupaciones!

“¿Cómo acompañar a un niño que ya viene con una etiqueta desde fuera?” ¿Cómo acompañar los niños porque no sean sólo competitivos? ¿Cómo acompañar una niña con necesidades especiales de forma que se sienta valorada y con apoyo por el grupo y que este sea también consciente de su diversidad? Necesito hacer equipo, no quedarme aislada, concluye otra compañera.

“Ahora siempre vamos a tope, sin espacios por nosotros. Algunas comemos juntas.. Nosotros necesitamos también espacios donde vernos y ver las opiniones de los otros, también las que no nos gustan… Empiezo el curso más ilusionada por el que tiene que venir”.

Cuando nos vamos del colegio la directora nos despide y nos deseamos mutuamente un buen curso. Sabemos que será intenso, este curso escolar.