Tijeras para todxs

Al preguntar de qué creen que irá el taller, un niño dice que de cómo son las familias. Y que él tiene dos madres. Y nombra a la M. y a la M., que tienen un hijo que se llama T. Otras personas dicen sus ideas sobre de qué irá el taller y, de alguna manera, nombran su realidad. Una niña de origen chino habla de la procedencia de las familias, otra, de familias con padres separados.

Durante los juegos, observamos que el grupo está bastante cohesionado, aunque las personas que se quedan al margen en el juego de los paquetes son los mismos y se observa que hay personas que en el juego están más cómodas y otras que lidian con la incertidumbre de si tendrán grupo o no.

Hablamos de la suerte que supone sentirte aceptado o ocupar el rol de poder elegir con quien sí y con quien no, pero intentamos no culpabilizar, sólo tomar consciencia de que estar en este rol es un privilegio, porque sufres menos. Y que la suerte de sentirte cómodo la puedes compartir. Tienes el poder de esparcir la comodidad y hacer que más personas se sientan cómodas. Y este taller va de eso, de crear más espacio para que todo el mundo esté lo más cómodo posible.

Explicamos el cuento. Parece que llama más la atención la relación del profe con las matemáticas que el hecho que a Blai le guste Kevin. Muchas personas rescatan la metáfora del skate, que lo importante es hacer lo que te gusta, lo que te hace feliz.

Pero el otro rol emerge, el lado homófobo. ¡Muy minoritario! Es la voz con menos rango. Podemos apreciar que pueda decir lo que piensa a pesar de ser la minoría (y sin olvidarnos de todo eso de que un rol es más que una persona y que un rol no sólo está formado por una persona). El otro lado puede expresar el dolor que suponen esas ideas.

“No está bien que las lesbianas sean madres porque se necesitan hombres para hacer bebes”. El niño que tiene dos madres explica que su madre compró el semen en un banco de semen y otras personas explican que les gustó mucho leer el cuento de cómo nació él.

Este niño tiene mucho rango y le damos voz para que ocupe el rol de profesor. Habla de que no hay la misma libertad para las personas homosexuales en todos los países, y otra niña aporta que en España antes había una dictadura y que aquí tampoco se podía ser homosexual.

Hay un consenso bastante amplio, pero no una resolución temporal. El rol ocupado por el niño con creencias homófobas sigue polarizado. Cuando le pregunto qué siente dice que nada. Está a la defensiva y desconectado de las emociones.

Nombro que me gusta el diálogo que estamos teniendo y que en la clase exista la libertad de expresar lo que sientes, incluso si eres el único que piensa así. La profesora, imagino que con la voluntad de proteger a D., dice que él piensa así porque es de otro país. Y es un país machista. Creo que las ideas machistas de D. también tienen que ver con la defensa de los ataques racistas. Pero esto es una interpretación, porque no podemos llegar aquí.

Mucha gente quiere opinar, porque hay otro punto caliente sobre la identidad de género. D. afirma que los hombres son más fuertes que las chicas, y la clase lo acusa de machista.

Hacemos un círculo de palabra para que todo el mundo que tenga ganas pueda hablar. Se expresa la rabia de las chicas cuando escuchan frases como que las niñas necesitan protección. Una de ellas se levanta y en un gesto de autoafirmación, muy conectada, dice: Yo soy fuerte y valiente, no necesito que nadie venga a salvarme, me valgo por mí misma. Las palabras van en la línea. Los chicos de la clase también hablan de la fuerza de las mujeres, madres, hermanas, amigas. Y se nombran los diferentes tipos de fuerza.

Lídia y yo estamos alucinando. Sí, lo que debería ser habitual nos alucina, porque estamos acostumbradas a que la mayoría de las creencias sean homófobas y machistas y porque las niñas que se identifican con su poder y su fuerza no suelen ser mayoría.

Y todavía alucinamos más cuando le toca el turno a A., el niño que había explicado cómo había sido concebido y que tiene dos mamás. Y le habla directamente a D., y le dice, a él y a la clase, que sabe que él no tiene la culpa de pensar así, que es normal que tenga esas ideas porque se las ha enseñado o su familia o las películas. Que son las que te lo enseñan quienes tienen la culpa, pero no él. Y que seguro que D. no quiere hacer daño. Whaaaaat???? Clase magistral.

Cuando le toca el turno a D., le cuesta hablar. Da señales de emoción, e interpreto que no se deja expresarlo. Efectivamente habla de que él no quiere hacer daño. Que no quiere hacer daño con sus ideas. No recuerdo exactamente qué más dice. No es que pase una varita mágica que le transforma sus creencias en otra cosa, pero algo ha pasado, en todo el grupo.

Lo que más me gusta de este taller es que me ha hecho conectar con la esperanza. Es verdad que si hay un hijo de dos mujeres en un aula y la educación que ha recibido ese niño le lleva a estar empoderado y orgulloso de su familia, eso ayuda a toda la clase a ser más quién es, a generar un clima de libertad, donde se puede ir mucho más allá. ¡Que sí! ¡Que es verdad! ¡Que hablar de homosexualidad a la clase ayuda a que todxs seamos más libres! ¡Y a prevenir las violencias de género!

Cuando explico para cerrar porque hago yo este taller, y lo importante que es para mí, como lesbiana, tener espacios donde me siento tan en casa como en esta clase, A. lo linka con el juego de las cajas. “Ya −dice−, es como la caja de ser un niño o de ser una niña. Que lo que necesitamos es tijeras para romperlas y que cada uno haga lo que le apetezca hacer”. Pues eso. Tijeras para todxs.

                                                                                                                                                                                                                                                  Sara Carro